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Cultura - F-Mérides, por Emilio Vilar
Emilio Vilar
Jueves, 20 de julio de 2017

Veinte de julio

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En 1823 el ejército francés (los cien mil hijos de San Luis) invade España con la pretensión de restaurar el régimen absolutista de Fernando VII, acabando con el Trienio Liberal iniciado tres años antes.
 
20.07.1823 – Diario Constitucional de Barcelona
 
“Las noticias que ha recibido y que comunica con fecha de ayer el escelentísimo señor segundo general de Cartagena, que tiene su cuartel general en Villafranca, se reducen á que los enemigos que subsisten en Leon, en Guardo y Sahagun, conservan cuerpos de poca consideración”.
 

 
Nube criminal sobre Sahagún de la que dan fe los señores sacerdotes y otros “sugetos” fidedignos.
 
20.071850 – El Católico 
 
“El 30 del último junio se dice haber caído una nube de piedra en las cercanías de Sahagun, tan horrorosa que no hay memoria de otra semejante. No solo ha desolado los campos, sino que causó la muerte de tres niños y varios ganados; asi lo han asegurado señores sacerdotes, y otros sugetos fidedignos”. 
 

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La fuga de los niños de Sahagún da lugar a este interesante artículo de uno de los periodistas más importantes de aquel momento.
 
20.07.1904 – El Imparcial 
 
“Los niños aventureros. Esta es España. A los grandes les dá por no ir á ninguna parte, sucumbiendo al moho y la polilla por falta de ventilación y movimiento. Y menos mal que con esto de los billetes kilométricos, ya empieza á haber valientes que abandonan su camaranchón para dar una regular vueltecita por el barrio. En cambio, el antiguo espíritu aventurero de la raza revive en los chicos, y todos los dias dá noticias la prensa de alguna pareja, y aun terceto infantil que abandona sus casas y ver mundo. ¿Estará á punto de florecer otra generación tan expansiva como las que ilustraron el siglo XVI?. Entre el quietismo y la inquietud, ésta solamente puede asustar á algún fraile descalzo ó á alguna monja recoleta. Y no á todos ni á todas; porque las monjas inquietas y andariegas, como llamó Felipe II á Santa Teresa de Jesús, abundan hoy tanto en la España monjil, que puede considerársela –bendito sea Dios- como un inmenso plantel de Doctoras de Avila. Por lo que atañe á sus paternidades, se agitan lo mismo que los viajantes de comercio, los toreros y los propagandistas republicanos. No hay tren en donde no se encuentre usted con el Machaquito, con Alejandro Lerroux y con el reverendo padre maestro fray Críspulo de la Degollación de San Juan Bautista. El fraile, principalmente, es ya tan indispensable en todo tren como el fogonero. Y dentro de muy poco tiempo, la parejita de niños fugados de sus casas será también tan imprescindible en todos los trenes como la pareja de la Guardia civil. Entre los Legazpis y Pizarros del género ínfimo que estos pasados días han dado quehacer á las autoridades, los verdaderamente simpáticos son los que desde Sahagún han venido á Madrid. A estos no les había trastornado el magín la lectura de Las aventuras de un capitán de quince años, que á tantos chiquillos ha hecho soñar con las quimeras de la vida errante. A estos les ha sacado de sus casas y de sus casillas la misma realidad, con esas amargas páginas que no se leen con los ojos de la cara, porque las lágrimas enturbian los ojos. Páginas son las del drama padecido por los niños de Sahagún, que recuerdan aquellas tan hondamente sentidas, tan finamente trazadas por Ortega Munilla en La viva y la muerta. (Perdone mi amigo el reclamo; pero ¡no me he podido contener!). Triste infancia la del pobre golfillo abandonado en las calles de la gran ciudad, á la buena de Dios ó á la mala del demonio. Muy triste infancia la del inclusero infeliz que no conoce ni padre ni madre, aunque las más veces, mejor le está y le conviene no conocerles ni por asomo. Infancia tristísima la del “niño de lujo”, con una madre poco menos que inconfesable, como la infancia de aquel Jack, descrita por Alfonso Daudet en páginas que solamente pueden dejar insensibles á las almas de cántaro, ó á las super-almas que se aíslan soberbiamente en su torre de marfil (Tudescos, 48, piso 5º, letra M). Pero como infierno de la infancia, quizás es el mayor el propio amoroso hogar convertido en infierno por una intrusa ó intruso –más terribles para los pobres niños que lo son para los grandes El Intruso de Blasco Ibáñez y La Intrusa de Mauricio Maeterlinck- llevados allí por un padre ó una madre, á quien los niños aman y adoran, pero á quien ven también dejando secar por manos extrañas, ya hipócritas, ya crueles, las purísimas fuentes del amor más puro. Los niños de Sahagún no han dejado su casa ni huido de su madre por la inquieta comezón de correr tierras y ver mundo, sino por sustraerse animosamente de á los bárbaros tratos caseros. Y no les ha ido mal en su aventura. Del Asilo de Santa Cristina, donde les albergó el gobernador civil, les ha sacado un pariente desinteresado –porque ¡         aun existe esa ave del Paraíso en nuestra fauna social!- dándoles pan y abrigo en su modesta casa; bien que el abrigo sea lo de menos á estas fechas en esta capital del Senegal. Ese pariente idealísimo es un peluquero de la calle de San Marcos. Si yo viviera por allí cerca, hoy mismo me hacía parroquiano suyo. ¡Buena pró le haga y le hará de fijo, la prole que ha adoptado generosamente!. Tal generosidad únicamente se advierte por aquí en algunos personajes políticos, porque también éstos protegen á sus parientes que es un gusto y un encanto. Sólo que estos desinteresados personajes recogen á sus parientes ya muy creciditos. Eso sí; los pobres recogidos en señal de gratitud, se declaran crecederos, siempre crecederos, crecederos de por vida, hasta que se los lleva Dios cargados de años, de nóminas y de mómios, sin contar los líos y chanchullos, que de todo hay en esas viñas de familia. ¿Acabarán por plantar y vendimiar alguno así en la Corte de los Milagros los otros muchachuelos aventureros á quienes “venía estrecha” la bella, culta, gloriosa y bien abastecida ciudad de Salamanca?. ¡Vaya usted á averiguar!. De menos hizo el irónico Destino á otros conquistadores menos atrevidos en su infancia. Aunque estos muchachuelos aventureros me inspiran una millonésima parte de las simpatías que los atormentados prófugos de Sahagún, esa porción millonésima les salva de mis anatemas por el disgusto que han dado á sus señores papás y mamás, sin mescolanza de madrastras ni padrastros. Pero ¡ay niños! Así como á vosotros la bella, culta, gloriosa y bien abastecida ciudad de Salamanca, me viene á mí muy estrecha la no menos gloriosa, pero peor abastecida villa de Madrid: al menos, por lo menos por lo que aquí cuestan los abastecimientos. Y, sin embargo, ya lo veis, con el Padre Quieto me estoy, condenándome al moho y la polilla, por si vinieren peor dadas en aventuras forasteras, con ó sin billetes kilométricos. Yo, jóvenes errabundos, no deploro mayormente que reviva en vosotros el antiguo espíritu aventurero que ilustró nuestro siglo XVI, á cuenta de los réditos que estamos pagando en el siglo XX. ¿Por qué no ha de florecer ahora otra generación expansiva y audaz?. Como vosotros, bien que más talludos, comenzaron los Hernán Cortés y los Legazpis, los Pizarros y los Alvarados, los Hernandos de Soto y los Núñez de Balboa. Pero también así comenzaron los Lazarillos de Tormes, los Rinconetes y Cortadillos, los Guzmanes de Alfarache, los Alonsos, mozos de muchos amos, y muchos mozos más de mucha cuenta y muy poca vergüenza. Y esta es España, tal cual la hacemos entre errantes infantiles y quietistas chochos. Y esto no se acaba, como dicen en La vida es sueño. Es lo más á que suelen llegar aquí los niños viajeros sin billete… y muchos viajeros grandes en sleeping-car. Salvo el caso de alguna catástrofe ferroviaria, en todos quedan iguales, y la novela picaresca se despide en el cementerio.                                                                           Mariano de Cávia”.
 

 
 
Desde el mismo diario se abunda en los detalles de la noticia: la versión del padrastro.  
 
20.07.1904 – El Imparcial 
 
“Los niños fugitivos de Sahagún. Sahagún 19 (3,20 tarde). Por el interés que ha despertado en Madrid la presencia de los tres niños fugados de esta población, he creído de interés para la información de El Imparcial, visitar al padre de las tres criaturas que, según la prensa, están recogidas en el Asilo de Santa Cristina de esa corte. El padre de los tres niños fugados, llámase D. Antonio García Pardo, tiene sesenta años de edad y está desde el mes de Diciembre casi imposibilitado. Tiene tres heridas abiertas en una pierna y en la otra sufre una gran inflamación. Es D. Antonio García un viejo militar, capitán con grado de comandante del arma de caballería, que ha derramado su sangre por la patria en varias ocasiones. D. Antonio García me ha contado su vida en estos últimos años. Hace seis años, su esposa doña Juana Catalina Guerra, nacida en Puerto Príncipe, falleció en Valladolid, dejándole á los pequeñuelos Ramón, conchita y José. El mayor de sus tres hijos, niño travieso y desobediente, le proporcionaba diariamente graves disgustos y como padre le imponía castigos que jamás fueron crueles y mucho menos martirios y malos tratos, como ha dicho Ramón á las autoridades de Madrid. D. Antonio García se lamentó de su desgracia y me dijo: - No tengo criada. Mi hija Concha de diez años de edad era la encargada del arreglo de la casa. Lavaba, hacía la comida, acarreaba agua para las necesidades de la casa. Alguien tenía que hacerlo y no habían de ser los chicos. El mayor, Ramón, tenía la obligación de estar á mi lado para cuidarme. A éste y á sus dos hermanos, me dijo el Sr. García Pardo que los reclamaría al gobernador civil de León. He visto el interior de la habitación del viejo militar, los muebles en desorden y todo sucio y abandonado. Causa verdadera pena ver como vive el padre de esos tres niños recogidos en Santa Cristina. De las impresiones que he recogido en el vecindario, dedúcese que este señor es de carácter agrio, tiene muchas rarezas, peca de tacaño, y la alimentación que daba á sus hijos era mala y escasa. No se cuidaba de que fueran calzados y vestidos. En una palabra, D. Antonio no se cuidaba de la indumentaria de sus hijos, como tampoco se cuida de la suya. Toda la familia vivía en malas condiciones. Ramón, el mayor de los tres niños, tiene fama de pendenciero. Con frecuencia se escapaba de la casa paterna, y muchas noches las pasaba en la estación del ferrocarril. La niña, Conchita, es buena; se quejaba del excesivo trabajo que tenía para tan poca edad”.  
 

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Otra página negra en nuestra particular hemeroteca, esta vez en Calzadilla.
 
20.07.1927 – Heraldo de Madrid 
 
“Horroroso suceso. Un loco mata a su padre y a un tío suyo. León 19.- En el pueblo de Calzadilla, Ayuntamiento de Burgo y partido de Sahagún, el joven de veinte años Baldomero Elías Pablos mató a su padre, Pedro Elías. Después agredió a su madre, Segunda Pablas, y le causó lesiones de gravedad, y más tarde a un tío suyo, al que causó lesiones de consideración. Los vecinos han manifestado que el parricida tenía perturbadas las facultades mentales. El Juzgado de Sahagún se presentó en el lugar del crímen, deteniendo a Baldomero e instruyendo diligencias”.
 

NUEVAS INCORPORACIONES 

Los seminaristas de la comarca acaban el curso con diferentes resultados. 
 
20.07.1864 – Boletín del Clero del Obispado de León
 
“Seminario conciliar de San Froilan de Leon. Alumnos del Seminario Conciliar de esta Diócesis con espresion de las notas que han obtenido en los exámenes de prueba del curso 1863 á 64.
Filosofía. Segundo año. Esternos.
Tomas Pacho                    Mozos de Cea                 Leon               Benemeritus
Tercer año. Internos.
Pedro Garcia Fuentes       Mozos de Cea                 Leon               Meritus
Hermenegildo Modinos     Terradillos                        Leon              Benemeritus
Angel Maeso                     Celada                             Leon              Benemeritus
Miguel Pablos                    Sahagun                         Nullius           No presentado
Teologia. Primer año. Internos.
Francisco Calvo                S. Pedro de las Dueñas  Nullius           Meritus
Francisco Fernandez        Sahagun                          Nullius           Meritus
Rafael Herrero                   Calzada                          Nullius            Meritus
Victorio Mayorga                Galleguillos                     Leon              Meritissimus    
Francisco Vazquez            Grajal                             Leon              No presentado
Esternos
Marcos Fernandez              Cea                                Leon              Suspenso
Leon Lorenzo                      Sahagun                        Nullius            Meritus
Melquiades Perez               Grajal                             Leon               Suspenso
Marcelino Perez                  Renedo de Valderaduey Leon              Suspenso
Segundo año. Internos.
Fernando Gomez                Sahagun                        Nullius             Benemeritus
Silverio Valdaliso                Grajal                            Leon              No presentado    
Teologia. Tercer año. Internos.
Vicente Torbado             Galleguillos                      Leon             Meritissimus
Esternos
Miguel Arroyo                 Sahagun                         Nullius            Meritissimus
Teologia. Cuarto año. Internos.
Feliciano Perez               Gordaliza del Pino           Leon               Meritus
Antonino Torbado           Galleguillos                      Leon               Benemeritus”. 
 

          
Una parte de los ingresos que la Iglesia obtenía, los destinaba a los establecimientos de beneficencia.             
 
20.07.1868 – Boletín del Clero del Obispado de León
 
“Distribucion de 30.000 reales procedentes de las tres quintas partes del Indulto Cuadragesimal  por la predicación del año 1867, que con esta fecha ha acordado hacer el Excmo. é Ilmo. Sr. Obispo de esta Diócesis entre los Establecimientos de Beneficencia:
Al Hospital de Sahagún, para socorro de pobres   ………………    900 reales”.  
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