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Jesús Ángel Velado
Domingo, 21 de julio de 2013
Catas

Julio Crespo: caldos con ‘Premeditación’, ‘Nocturnidad’ y ‘Alevosía’

[Img #4510]Nada es dejado al azar en Viñedos y Bodegas Julio Crespo. Esta moderna bodega enclavada en la finca Villazán, Joara (Sahagún) y perteneciente a la Denominación de Origen Tierra de León, está bañada por el río Valderaduey, que durante el paso de los siglos ha conformado los terrenos sobre los que se asientan sus mas de 50 hectáreas de viñedo, estos terrenos son los ideales para el cultivo del viñedo, con suaves pendientes de cantos rodados en superficie y poco contenido de materia orgánica.
El diseño de la bodega de reciente creación, se ha realizado según las necesidades y garantizando al máximo la calidad del producto, desde el cultivo de la vid en el campo, hasta la salida de la botella de vino de la bodega y puesta en el mercado. La apuesta por la sostenibilidad y respeto al medio ambiente es fuerte en Bodegas Julio Crespo, los procesos de elaboración y embotellado garantizan al máximo la protección medioambiental y la seguridad del producto, gracias a una política de seguridad y defensa de los alimentos que certifica la seguridad en la cadena de suministro, todo controlado por Luis Alberto Aguado, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable de seguridad y auditor interno. Para este reto la bodega esta dotada de las más modernas tecnologías para la elaboración y embotellado de sus vinos.
La bodega cuenta con 3.500 metros cuadrados divididos en tres zonas: 
Zona de elaboración: Donde se encuentran los depósitos de acero inoxidable con camisas de refrigeración para el control de temperatura durante las fermentaciones.
Zona de crianza: Aquí se encuentran las más de 250 barricas que tiene la bodega para realizar la crianza en roble de sus vinos, con un sistema autónomo de control de humedad y temperatura.
Zona administrativa: En esta área se sitúan las dependencias administrativas, laboratorio, tienda y servicios.
Las 50 hectáreas de viticultura se reparten entre cuatro variedades, Prieto Picudo, Mecía y Tempranillo como tintas y Albarín como variedad blanca. Las cuatro variedades están repartidas en dos tipos de suelos diferenciados, por un lado suelos de canto rodado, pobres en materia orgánica y otra zona con suelos más arcillosos y cascajo. Toda la superficie de viñedo dispone de riego por goteo, para paliar el estrés hídrico provocado por los veranos tan secos y calurosos que se dan por estas latitudes. El agua de riego proviene de una balsa artificial que abastece las 300 hectáreas de la finca, incluidas estas 50 de viñedo. La viticultura de calidad, aplicando las más modernas técnicas de gestión del viñedo, corre a cargo de Luis Aguado, experimentado hombre de campo que conoce muy bien las necesidades de estos terrenos y de los que consigue obtener la máxima expresión en las uvas.
La enología esta en manos de Juan Glaria, con gran experiencia en distintas zonas vitícolas del mundo y que con los medios de los que dispone, saca el máximo partido en las diferentes elaboraciones con las que cuenta la bodega.
Premeditación, Nocturnidad y Alevosía dan nombre a la trilogía enológica de monovarietales con las tres uvas tintas que se cultivan en la finca: Prieto Picudo, Mecía y Tempranillo respectivamente. 
Nos vamos a centrar en Premeditación: vino 100% Prieto Picudo, selección especial de pagos de finca y con crianza de 12 meses en barricas de roble francés en los que realiza la fermentación maloláctica.
La presentación del vino es en una botella robusta troncocónica de color musgo, con una etiqueta elegante y distinguida con capsula de estaño y corcho natural.
El color es un rojo picota intenso con capa media y ligeros toques de evolución hacia los teja, fruto de la crianza y la evolución lógica del vino. Presenta en la copa, lagrima densa y poblada que nos hace presagiar la untuosidad y redondez del vino gracias a la glicerina.
La nariz es potente y elegante, con un buen equilibrio entre la fruta madura y los aromas terciarios especiados y mentolados aportados por el roble francés. El vino se presenta franco y con aromas bien definidos, la fruta negra madura como ciruela y compota predominan, aunque también se aprecia orejones y regaliz de palo. La barrica le aporta aromas a pimienta molida y eucalipto, todo ello con mucha intensidad.
A pesar de los cinco años que tiene, denota juventud con una acidez equilibrada y una entrada intensa y redonda. El paso por boca es aterciopelado y amplio, recorriendo toda la cavidad bucal y dejando sensaciones muy agradables y placenteras. El melocotón muy maduro permanece después del paso del vino, acompañado de regaliz y frutas negras del bosque, potenciadas con los balsámicos de la madera. El final el largo y elegante con recuerdos a torrefactos y regaliz.
Hablamos de un Prieto Picudo singular y con un largo peregrinaje, gracias a la proximidad de la bodega al Camino de Santiago. Salud. 

 Jesús Ángel Velado es ingeniero agrónomo experto en viticultura.

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