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Cristina Domínguez
Domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Se nos helará el merengue?

Aunque oficialmente el verano terminará el próximo día 22, la comarca baja hoy la trapa del tiempo estival dejando tras de sí cinco semanas y pico de auténtico frenesí: fiestas patronales, matronales, del veraneante, semanas culturales, talleres, conciertos, actuaciones teatrales, campeonatos deportivos, excursiones, acampadas, homenajes, inauguraciones, campañas solidarias, exposiciones… echando un ojo al calendario parecía que no había un mañana a juzgar por la cantidad de eventos que se iban sucediendo, tantos, que sólo aquellos con el don de la ubicuidad pudieron disfrutar de algo más de lo que se ofrecía en su entorno más próximo, obligándose a decidir si pasar la tarde en Sahagún descendiendo en ‘troncomóvil’ por el Cea, pasarla en Grajal disfrutando de un mercado medieval o compartiendo parrillada con las gentes de Villamol. 
Ahora que la desbandada está en capilla, tal vez toque reflexionar un poco a cerca de la necesidad de una mejor racionalización de las actividades que se han desarrollado estos meses, o dicho de otro modo, que asociaciones, juntas vecinales, ayuntamientos y demás instituciones tengan un poco más en cuenta que el año tiene 365 días y que repartir en este lapso los eventos podría propiciar más interés por los mismos a los no residentes y atraer la atención de los pueblos vecinos, despertar curiosidad, socializar, conocer, aprender…   
Sirva un ejemplo. El día 10 de agosto, otros tantos pueblos de la comarca estaban de celebración: fiestas en el barrio de San Lorenzo de Sahagún, Día del Amigo en Grajal de Campos, Fiesta del Turista en El Burgo Ranero, semanas culturales en Santa María del Río, Cea y Bercianos, concentración de pendones en Calzada, carreras ciclistas en Gordaliza…  
Entiendo perfectamente que con el verano, además de las temperaturas, sube el ritmo de las calles, los pueblos se ‘rellenan’ y los eventos que se puedan proponer esos días tienen más o menos el público garantizado. Pero… ¿y el resto del año?, ¿está prohibido el acceso a la cultura en febrero?, ¿no se puede practicar ningún deporte en marzo?, ¿no es abril un mes ideal para hablar de etnografía o botánica o sexo en la tercera edad?, ¿el público aplaude menos en mayo?... “Días de mucho, vísperas de nada”, dice el refrán, y aunque me mato con quien sea defendiendo la vida en el pueblo, también me temo que el invierno volverá a ser largo y que, salvando alguna excepción, tengamos que esperar hasta el próximo junio para ver algo más que al del “merengue, merengue…”.  

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1 Comentario
Fecha: Lunes, 2 de septiembre de 2013 a las 00:20
Luis Ángel
Debe de ser que las ganas de fiesta nos entran cuando estamos todos y el verano nos trae a los que emigraron, a los estudiantes, a los que nacieron en otro sitio, pero siente un no se qué cuando le corre la sangre de sus abuelos por las venas.
Cuando llegue el invierno volveremos a ser un pueblo abandonado por nosotros mismos, seguiremos siendo de aquí, pero viviendo en Madrid, en Barcelona o en Bilbao.
Seguiremos pensando en rastrojos y majuelos, pero llamando a nuestro padre aita o abi a nuestro abuelo.
Simplemente una parte de nosotros estará lejos, naufragando en las añoranzas y mirando en el calendario cuando es el próximo puente, para retornar al calor de las hornachas y el amor de los adobes.

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