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Rebeca Herreros
Última actualización 18:37
Viernes, 20 de septiembre de 2013
Entrevista a Mario Gutiérrez Bravo, herrero en Villamuñío

“El pueblo no es un refugio para la crisis, pero todo resulta más llevadero”

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Recorriendo los empedrados y anaranjados caminos que caracterizan las vías rurales de la tierra de Sahagún llego a Villamuñío, localidad de 297 habitantes perteneciente al municipio de El Burgo Ranero, donde me espera Mario. Tornero fresador de profesión, cambió esta actividad que desarrollaba en Palencia por la de herrero, impulsado por el amor que allí le esperaba y una vida entera por dibujar. Con una gran calidez en la mirada me recibe en su taller teñido por el cansancio típico que desvela el final de una jornada laboral intensa. Improvisando un escenario entre las herramientas propias del negocio, nos sentamos a charlar sobre lo que supone dejar atrás una historia en la ciudad...

Sahagún Digital: Una de las preguntas que primero nos planteamos cuando entrevistamos a los que abandonan la ciudad para trasladarse al pueblo es el elemento motivador. En tu caso, ¿qué fue lo que impulsó el cambio?; ¿idilio rural?; ¿expectativas laborales?,  ¿estrés?...

Mario Gutiérrez: Principalmente fue por mi pareja. Ella ha vivido siempre en Villamuñío y, con el fin de poder estar juntos, decidí trasladarme aquí para desarrollar mi vida tanto a nivel personal como profesional. He de decir que siempre me ha gustado el pueblo, la ciudad es como una cárcel, siempre hay más limitaciones.

Generalmente lo que te motiva a dar el paso en determinados aspectos de la vida es porque existe un proyecto en mente, de ahí mi pregunta, ¿Crees que hay que llegar con una idea clara de ocupación?

Hombre, creo que es más fácil cuando tienes una idea sobre lo que vas a realizar y dedicar tu tiempo, pero también soy de los que piensan que en un pueblo puedes hacer  muchas cosas si realmente tienes la mente abierta y estás dispuesto a enfrentarte a cualquier oportunidad profesional  que se pueda plantear. 
En mi caso, todo fue mucho más fácil. Venía con trabajo asegurado, puesto que mi suegro, Manuel Velasco, se jubilaba del taller de herrería y metalurgia que regentaba aquí en el pueblo y me presentó la posibilidad de continuar con el negocio. Aunque los inicios fueron duros, dado que pasar de ejercer mi oficio de siempre como tornero fresador a trabajar con arados (sin experiencia en el sector), siempre he tenido y tengo la ayuda de Manolo, quien ejerce la figura de maestro aconsejándome y resolviendo cualquiera de mis dudas. Poco a poco voy dominando mi labor, cada cliente y cada trabajo es diferente, es por lo único que puede resultar complicado.

A veces, la opción de retomar la vida rural se debe a la huida de la crisis económica, ¿se generan falsas expectativas?

No considero que venir al pueblo para establecerte y trabajar sea un refugio contra la crisis, pero bajo mi punto de vista, sí que es cierto que todo resulta más llevadero. No necesitas ni la mitad de las cosas comparado con el estilo de vida en la ciudad, donde vivimos arrollados por el consumismo que marca las pautas de la sociedad. 
Aquí puedes plantar cuatro cosas y tienes arreglado el verano. En los pueblos no hay crisis, hay miedo. Si no falla el campo, se vive perfectamente.

Acostumbrado a un estilo de vida urbanita, ¿Fue duro el cambio?; ¿Cómo fue la acogida por parte de  los vecinos de Villamuñío?

Para mí no fue un cambio muy drástico. Date cuenta que mis orígenes provienen de Palencia, una ciudad con no muchos habitantes. Además, durante un tiempo también residí en Sahagún, una localidad más pequeña que Palencia, donde conocí a mi actual pareja, con la que comparto mi vida y tengo un hijo de cuatro años.
Por ello,  mi traslado a Villamuñío no fue complicado, es más, fue un cambio a mejor lleno de ventajas. La relación con los vecinos es muy buena, tienes su mano para lo que necesites, así como tiendo yo la mía, se crea una relación de amistad. Sumado a las tardes de futbolín en el bar… ¡un futbolín hace amigos!.

Aunque muchas son las ventajas de este cambio, imagino que no todo es ‘un camino de rosas’. Cuéntame alguna dificultad que hayas podido experimentar en esta nueva etapa…

Pues si tengo que apuntar hacia algo en concreto, tuve una mala experiencia en relación con una subvención que ofertaba la Junta de Castilla y León.  Estaba enfocada a los jóvenes emprendedores, yo cumplía perfectamente todos los requisitos, presenté todos los documentos acreditativos necesarios y aceptaron mi solicitud. Consistía en una aportación de cierto dinero que a mí me venía fenomenal para la nueva actividad a la que me iba dedicar. Implicaba asimismo, que yo debía adelantar dicha cantidad demostrando así que iba a ser destinada a un fin en concreto y profesional, no para objetivos personales. 
Sin embargo, la Junta nunca llegó a reembolsarme ese dinero ya invertido. Dada mi preocupación, la única respuesta que obtuve fue que ya no había fondos. Al revisar todos los documentos que había firmado, en letra pequeña incluían que la ayuda económica debía distribuirse para todos los candidatos que presentasen la solicitud y que podría ser posible que no llegase para todos. Conclusión… mucho cuidado con todo aquello que se firma.

Define ‘calidad de vida’ en un pueblo, en Villamuñío…

Poca contaminación, menos ruido, mejor temperatura… y sobre todo vivir a dos minutos del curro. Tengo un tío en Madrid que tarda dos horas en llegar al trabajo y las correspondientes en volver, se levanta prontísimo. Yo, perdona… pero con eso ¡no puedo! Además mi pequeño se cría con menos riesgos, no hay semáforos, tráfico…
¿Calidad de vida? Salir con la moto por los caminos, echar un partido de frontenis, futbito…

Para mi, por lo menos, es llegar al pueblo y el aire me resulta más puro, entro a casa de mis abuelos entre algodones y abrazos, el ambiente es completamente diferente… ¿es cierto aquello de que en el pueblo… todo sabe mejor? 

¡Por supuesto! Aquí es todo más tranquilo, no hay horarios, no hay prisas. Cocinar en la lumbre, hacer una barbacoa… tan sólo tienes que salir a la calle, plantar una mesa y unas cuantas sillas y a disfrutar.
Mucha gente piensa… ¡qué envidia vivir en el pueblo! ¿Crees que es tan sencillo?
Para mí es un privilegio. Sí que es cierto que en la ciudad casi todo es más accesible. Puedes encontrar trabajo de lo tuyo más fácilmente. Aquí hay que tener menos remilgos a la hora de buscar curro, cualquier oportunidad que se presente hay que cogerla y no dejarla escapar.
Sin embargo, enfocado a mi trabajo, tiene sus complicaciones. Yo dependo mucho de los proveedores, y muchas veces los camiones no llegan al pueblo, no les compensa desviarse. Dejan la mercancía en un pueblo mayor, como puede ser Sahagún y tengo que ir a buscarlo allí. Otras veces tengo que ir a comprarlo yo directamente, me dan fechas de reparto con un mes de plazo de entrega, cuando muchas veces necesito el pedido casi en el momento.

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¿Cuál es la época más complicada? ¿Y la más bonita?

El verano, porque tengo mucho curro, a lo que doy gracias, pero claro, no puedo disfrutar del tiempo. No sabría decidir entre una época más bonita que otra porque me encantan todas. En invierno hace mal tiempo, pero el frío también me gusta, llegar a casa y refugiarte en el calor del fuego y el hogar.

¿Qué opinas sobre el servicio médico en el ámbito rural?

Si es para pequeñas cosas, un catarro, malestar… con el servicio actual es suficiente (hay servicio médico en el pueblo dos o tres veces por semana). Pero claro, para algo de urgencia siempre tienes que trasladarte a León.

¿Y la dependencia del automóvil?

Para todo, es lo malo de vivir en un pueblo donde no tienes otro medio de transporte. Aquí tenemos un par de tiendas, bares… pero si quieres hacer una compra grande, ir a cenar, un plan diferente vamos, necesitas disponer de coche.

¿Es más barata la vida? ¿En qué aspectos se nota?

Supongo que sí. No existen tantos gastos como en la ciudad. Una vivienda te cuesta la mitad que en cualquier urbe, se paga más cómodamente. Una cerveza en el bar también te cuesta menos que en la ciudad, y se agradece.

El pueblo te aporta, ¿Qué crees que puedes aportar tú?

Un censado más (entre risas), mi mano de obra, impuestos y un taller abierto las 24 horas.

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4 Comentarios
Fecha: Martes, 24 de septiembre de 2013 a las 09:25
Piedad Luna
Tres hurras por la gente que toma la decisión de vivir en un pueblo con todas sus ventajas e inconvenientes, que evitan, en su medida, la despoblación y el abandono del medio rural, eso con que se llenan la boca los políticos y sus falsas políticas de fomento. Tenéis mucho mérito y suerte por vivir como queréis. Y desde luego, un niño criado en un pueblo es un pequeño sabio. Felicidades a todos los que como tú han apostado por la dura meseta.
Fecha: Martes, 24 de septiembre de 2013 a las 00:26
ANTONIO MURCIA
ENHORABUENA, MARIO!!! Excelente entrevista, pero lo mejor es que tienes un buen trabajo en el pueblin y una familia encantadora que te apoya en todo momento, todo un gran privilegio, un lujo, aprovéchalo, disfrutalo y que los resultados sean siempre exitosos; es el deseo mas sincero de mi familia y el mio propio; desde Orihuela,Alicante recibe un abrazo de Antonio y familia
Fecha: Lunes, 23 de septiembre de 2013 a las 12:23
Javier Robles
Felicidades Mario, ........... las vueltas que da la vida, si cuando llegaste a Sahagun te hubiesen dicho que en el año 2013, te estarian entrevistando parz un medio de comunicacion en Villamuñio, las risas se hubiesen escuchado en Cadiz.
Por cierto, estas hecho todo un filosofo.
Lo dicho, felicidades y que el futuro sea brillante para ti y tu familia.
Un abrazo.
Fecha: Sábado, 21 de septiembre de 2013 a las 12:16
Algil
¡Muy bueno Mario!
Tienes la felicidad que un hombre de tu edad puede esperar.
Una familia, un trabajo y tranquilidad.
Valora eso porque creo que sepas que escasea.

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