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Rebeca Herreros
Lunes, 3 de febrero de 2014
Entrevista Francisco Alonso Rojo, funcionario en Calzada del Coto

“De pequeño, el pueblo era para mi sólo un sinónimo de trabajo duro. Ahora es de libertad”

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Seguimos nuestro camino por la comarca y hacemos parada, en esta ocasión, en la población jacobea de Calzada del Coto, ‘cabeza’ del municipio homónimo que cuenta con unos 256 habitantes. Aquí nos espera Fran, originario de este pueblo y que un día decidió abandonar en busca de nuevas experiencias. Su retorno tuvo lugar hace ya cuatro años. Nos sentamos en el bar… 

Rebeca Herreros: ¿Creciste en Calzada?

Francisco Alonso: He nacido en Calzada y me he criado aquí. Para mí, y desde que tengo uso de razón, el pueblo era sinónimo de trabajo, de mucho trabajo. Mis padres tenían ganado y también se dedicaban a la agricultura. Cuando salíamos de la escuela o en las vacaciones siempre había muchas tareas que hacer, bien en el campo o con las ovejas y las vacas. No teníamos tiempo casi ni de hablar con las asturianas (veraneantes) en la temporada estival, y el rato que coincidíamos a las noches, ya estaba el ‘pescado vendido’ (entre risas). Por ello, y en el momento en el que me dieron alas me fui. Entré en un internado con 12 años en Palencia, y prácticamente ya no volví.

Y de allí…

Estuve  viviendo en Sahagún, León, Madrid, Valencia, Andorra… Hasta que me hice funcionario he trabajado de casi todo. Además, siempre he privilegiado estar en un sitio tranquilo y contento  a la forma de ganarme la vida. Tenía pocos gastos, y lo que tenía lo empleaba para divertirme. Recuerdo cuando trabajé en un grupo de rescate cerca de León, ganando lo mínimo para subsistir; a nivel económico fue un fracaso pero a nivel personal fue maravilloso. Muchos fueron los aprendizajes adquiridos.

Y de repente llega el momento en el que te estableces…

Al conocer a Teresa (su actual pareja) ya me planteaba otras cosas y por ello estudié las oposiciones. Una vez aprobadas, comencé a trabajar como funcionario en diferentes ciudades de España hasta que acabé en Burgos. 

Qué pasó para que un día dijeras: “tengo que volver al pueblo”

Pues la huida hacia adelante. Las sensaciones que yo tenía del pueblo hasta la fecha tenían que ver con ese trabajo duro del que hablábamos antes. Pero un día vuelves y vas encontrando cosas que antes no valorabas, cosas a las que no dabas la importancia que ahora tienen…  Empecé a pensar en que vivir aquí era una buena alternativa. Fue algo meditado, no me tiré a la piscina… 

Te mudaste a Calzada junto a tu mujer y tus hijas, ¿cómo fue la adaptación de las niñas?

Espectacular. De momento se matan por vivir aquí. El pueblo lo tiene todo: la naturaleza, tranquilidad, libertad… a un niño no le tienes que explicar por qué se lo pasa bien en un pueblo, somos naturaleza. Y cuando sean mayores les daré todos los instrumentos para que puedan ser libres y hacer lo que quieran. Que vean que hay muchos colores en la vida, pensamientos… y luego que elijan lo que quieran.

¿Echas en falta algo de la vida en la ciudad?

A nivel cultural sí: el cine, el teatro y sobre todo una buena biblioteca; y por lo niños en gran parte. Me gustaría tener una biblioteca cerca donde llevar a mis hijas.

Cuéntame qué aspectos son imprescindibles en un pueblo.

Las comunicaciones principalmente e Internet. A un pueblo le hacen grande las comunicaciones. No me iría a vivir a un pueblo sin buenas comunicaciones. 

¿Y a nivel servicios médicos?

Pues bueno mira: aquí tenemos Sahagún que está muy bien; si tienes una emergencia está el helicóptero, en ese sentido no creo que estemos mal.

Y si tuvieras que decirme alguna desventaja de vivir en un pueblo…

Que nos conocemos demasiado todos. Y esto en los pueblos es un arma de doble filo. Hay que ser muy prudente, ir a lo tuyo y obviar muchas cosas. Tener visión de conjunto. En ocasiones merece la pena tragarse algún sapo porque, muchas veces, en un pueblo, de lo intrascendente a lo trascendente hay un paso. 

Me imagino que no todo haya sido un camino de rosas, ¿hay algo que no te haya gustado?

Bueno, vienes con ideas de cambiar cosas y es imposible. Soy concejal de fiestas desde hace dos años y medio, me gustaría fomentar el turismo, creo que estos pueblos están sin explotar a este nivel.  Hay que rascar de donde sea, los pueblos sino van desapareciendo.

Llegaste a Calzada con un proyecto firme y trabajo, ¿te hubieras planteado venir al pueblo para buscarte la vida?

Hubiera sido una situación más forzada, pero no la descarto. Desde mi punto de vista, en el pueblo hoy en día hay oportunidades.

Toca que me cuentes cuáles son los beneficios de vivir en el pueblo.

La paz, fundamental; la relación con mi familia, estoy más cerca de ellos. Con el paso del tiempo creo que echamos más en falta a la familia, es la base.  Y la naturaleza, siempre he sido muy montañero, la facilidad que tienes de vivir. Aparcar delante de tu casa el coche, son pequeñas cosas que te facilitan más la vida.

¿Cuál es la estación del año que mas te gusta?

El otoño-invierno. Me gusta la soledad, la soledad voluntaria. Llega septiembre y soy feliz. Llega la vendimia y para mi es maravilloso, mi madre hace los chorizos, pimientos, comemos en la viña, los pequeños ven a los mayores… El frío de fuera que te hace estar en casa, te reúnes con la gente, charlas…

¿A qué dedicas tu tiempo libre?

Me gusta trabajar en el campo. La agricultura, mi casa, que la mitad de la misma la he hecho yo… Y escribir.
A nivel social, ¿cómo son las relaciones en un pueblo?
Son algo espontáneas. Durante la semana todo el mundo esta liado haciendo cosas. Lo que sí te marca es el fin de semana, la gente está más libre, viene, los encuentro son más fortuitos, te acercas al bar, a la bodega y listo. 

¿En este tiempo ha venido más gente joven a vivir aquí?

Si, gente que se ha quedado en el paro, aquí tienen casa, algunos consiguen trabajo. Ligado un poco a la crisis. Y se nota también en verano, cada vez vienen más niños otra vez. 

Parece que tenemos la sensación de que vivir en un pueblo es más barato…

Si, es más económico, quizá por la forma de vida. Gastaba mas en la ciudad y haciendo una vida similar. Sales menos, gastas menos. Aunque la diferencia no es tremenda. Aunque si que es cierto que el precio de construir una vivienda es menor, con el terreno te ahorras mucho. Eso sí en gasolina gastamos un pastón.

¿Cómo te imaginas Calzada en 20 años?

Me la imagino con poca gente, o viene más gente y cambia un poco esto, o hasta que no haya una generación entera que tenga peso en el pueblo no cambiará nada. Necesitaríamos nuevas iniciativas, saber explotar bien el tema del Camino de Santiago. El pueblo tiene que vender paz, tranquilidad, espacios naturales…

¿Que cambiarías tu?

Yo intentaría volcar el pueblo hacia fuera, mostrar las virtudes del pueblo, de este y de cualquiera, venderlo. No olvidar la gente que ha habido detrás, que nos ha hecho ser lo que somos. Nunca olvidar los eslabones de la cadena que nos permite estar hoy aquí.

¿Perspectivas de futuro?
Mantenerme como estoy (entre risas) con la misma paz y tranquilidad. Y pelear un poco por promocionar la vida en el pueblo.

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