Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Néstor Hernández Alonso
Miércoles, 14 de enero de 2015
FIRMAS

Oh glorioso san Antón

[Img #9658]
 
El próximo día 17 de enero se celebra la fiesta de San Antón, patrono de los animales, uno de los santos más venerados en pueblos y ciudades de España y en torno al cual han surgido, desde tiempo atrás, canciones, cuentos y leyendas, procesiones, juegos, que cada comunidad adaptaba según sus preferencias. Aprovechando dicha celebración, no estaría mal reflexionar sobre la relación de los hombres con los animales, ayer y hoy.
Hasta la era del tractor y otras maquinarias agrícolas, la dependencia del hombre de los animales de tiro y carga era total, de ahí el cuidado y la selección de los mismos, ya fueran vacas, mulos o caballos, en menor medida el burro, el medio de transporte más adecuado a pequeña escala. De esta presencia dependía la consecución de los frutos en el cultivo de la tierra, principal instrumento de subsistencia en nuestra comarca. Por eso, los agricultores aseguraban el ganado, y de esta manera ayudaban a quien había sufrido la muerte de colaborador tan imprescindible, y por eso acudían al santo, buscando su segura protección. Con los animales domésticos ocurría algo semejante, también necesarios para asegurar la alimentación. Ovejas, gallinas, conejos, palomas, cerdos corrían por corrales y cuadras de las casas de todos los pueblos. Los perros y los gatos tenían la misión de alejar a los desconocidos, guardar los ganados o limpiar de roedores los ‘sombrados’. Todos, en su medida, colaboraban activamente en el bienestar familiar y eran apreciados por su utilidad, pero nada más.
Hoy el animal necesario ha sido sustituido por el animal confidente, por la mascota que suaviza la soledad, por el compañero de juegos…, y ha pasado de las zonas rurales, donde apenas quedan, a las ciudades, a vivir en pisos, en jaulas, a usar abrigos e ir a la peluquería. Ya no necesitan los cuidados protectores de San Antón porque la ciencia y la estética  cuidan de ellos. No obstante, todos los 17 de enero siguen acudiendo a la hornacina de San Antón, sin la fe de antes, arrastrados por la costumbre más bien. Yo, que he visto llorar a algún ganadero o agricultor cuando moría una mula o una vaca, continúo dirigiéndome a San Antón para que interceda por el animal-hombre, en verdad más necesitado que el otro, y le digo al oído estos versos: Oh glorioso san Antón/ que estás en esa tronera/ cuida de este pobre animal/ que se llama Néstor Hernández.
Noticias relacionadas
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sahagún Digital. El magazín del sureste de León
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress