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Fiestas y tradiciones - La Pasión
Ernesto Escapa
Lunes, 14 de marzo de 2016
Actos de apertura

Pregón

Presidente y secretario de la cofradía de Jesús Nazareno y patrocinio de San José de Sahagún, autoridades, alcalde y concejala de Cultura, párroco don Matías, cofrades, fieles y vecinos de Sahagún 
 
1. La Semana Santa concentra manifestaciones procesionales y ritos de Pasión que se enmarcan en la tradición de nuestra memoria colectiva y Sahagún es un buen ejemplo de esa presencia centenaria e inmemorial, que se traduce en un sentimiento acuñado paso a paso y generación a generación. Se trata, pues, de un fenómeno vivo, que mueve fervores y alienta entusiasmos, pero también de un acontecimiento alejado, en su origen y significación, de los valores que cotizan y priman en la sociedad de nuestros días. Por eso, resulta imprescindible interpretarlo, conocer el sentido de los diferentes momentos del ritual, para vivirlo, ya sea como protagonistas o como espectadores, entendiendo su mensaje y la estética de su discurso singular. Sólo de este modo se logra evitar su mudanza en mera escenificación o montaje teatral. Porque la Semana Santa vivida con el corazón constituye la mejor escuela para los niños y jóvenes destinados a heredar, mantener y vitalizar ese legado colectivo, que nos llega trascendido por su vivencia a lo largo de siglos. No es una ceremonia vernácula, aunque su desarrollo en cada lugar le confiere la capacidad de ser sentida como propia y distinta por quienes la viven desde la fe.  
 
2. La pretensión de descifrar las claves de la que es, sin duda y entre todas, nuestra Semana Grande, no significa renunciar a la seducción de su enigma ni abdicar del indudable atractivo de los misterios que rodean y envuelven la representación de procesiones y rituales tan diversos. Al contrario, una manifestación colectiva de la dimensión popular de nuestra Semana de Pasión necesita ser comprendida para garantizar su permanencia más allá del fervor devocional momentáneo o del entusiasmo pasajero que siempre acompaña a la recuperación de tradiciones. También en Sahagún habéis tenido la experiencia de pasar de las once  cofradías de tiempos medievales a  las actualmente vigentes y activas:  la Vera Cruz y la de Jesús Nazareno, que tradicionalmente  cumplía la labor asistencial de ofrecer pan y vino a los portadores de los pasos y a los más necesitados de Sahagún. Este tránsito dejó por el camino las cofradías de Nuestra Señora del Puente, del Santísimo, de Nuestra Señora del Patio, de Nuestra Señora del Valle, de Santa Ana, de San Andrés, de San Isidro, de San Juan de Sahagún y de San Francisco, cuyo legado cofradiero y asistencial recoge la de Jesús Nazareno y Patrocinio de San José elevando la Semana Santa sahagunense hasta el rango de interés regional, una vitola de la que en breve se despojará para lucir orgullosa la banda de Interés Nacional. 
 
3. Porque, a diferencia de otros lugares más rumbosos e incluso más poblados, Sahagún tiene el privilegio de haber contado con fieles notarios de su historia milenaria, capaces no sólo de acumular datos, sino de darles sentido y trascendencia. Pienso (mirando lejos) en Juan Benito Guardiola, que vivió el tránsito del dieciséis al diecisiete, en Pérez de Rozas, en Romualdo Escalona, en Julio Puyol y en nuestros contemporáneos, entre otros los frailes Albano García Abad y Cuenca Coloma. De su aportación se deriva un conocimiento preciso y hasta minucioso del pasado de vuestra villa, que también nos ayuda a conocer la vivencia histórica de la Semana Santa. Porque no podemos olvidar que durante siglos, en nuestros pueblos, la vida cotidiana ha organizado la medida del tiempo, con sus pausas festivas, sus afanes y sus esfuerzos, siguiendo los episodios de la Historia Sagrada, de manera que un manto de trascendencia paliaba los frecuentes sinsabores y dictaba los momentos de alegría. Ese calendario tenía dos momentos álgidos, todavía muy presentes en nuestros pueblos, aunque ya tristemente declinantes en los albores del tercer milenio. Navidad y Semana Santa, el orto y el ocaso de la biografía de Cristo en la tierra. 
 
4. Las celebraciones de Semana Santa tienen su origen en las representaciones de la Pasión impulsadas por las corrientes pietistas del otoño medieval, que se organizaban en el interior de los templos. En el caso de Sahagún, su poderoso monasterio incorpora con el gótico en la planta de su iglesia los tránsitos laterales y la girola semicircular para dar curso a este tipo de manifestaciones didácticas, que contribuían a engrandecer la solemnidad de la liturgia. Las cofradías de la Vera Cruz, surgidas en torno a los conventos franciscanos (DE TANTA TRADICIÓN EN TIERRA DE CAMPOS, COMO BIEN SABÉIS EN SAHAGÚN, VILLA PRESIDIDA POR EL CONVENTO DE LA PEREGRINA), son las encargadas en un principio de divulgar los episodios del misterio de la Pasión, acogiendo en su hermandad a los diferentes gremios de actividad. Pero será a raíz del Concilio de Trento, en 1563, pasada la mitad del siglo dieciséis, cuando la Iglesia estimule y respalde de modo decidido la celebración de procesiones y actos litúrgicos masivos, en respuesta a la vivencia interior de la fe preconizada por la corriente protestante de Lutero. 
 
5. A partir sobre todo del siglo diecisiete, se produce en España una conventualización de la vida colectiva, que convierte calles y plazas, los espacios urbanos tradicionales, en escenario de representaciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La aplicación de recursos teatrales en su concepción y desarrollo, unida a la figuración escultórica de los episodios más relevantes y al desfile de cofrades que interpretan su papel con gestualidad solemne, ante fieles que acompañan los recorridos con una actitud deslumbrada y expectante, dan como resultado una escenografía barroca que fascina a quienes participan y lo contemplan. No se trata ya de la ingenua didáctica medieval, sino de la representación escénica de un misterio que toca las fibras más sensibles del ser humano. Porque habla de muerte, pero también de esperanza, de sacrificio y redención, de penitencia y gozo, de días de tránsito por el dolor que culminan en una explosión pascual de alegría. 
 
6. NUESTRO PAISANO EL PADRE ISLA, que vivió en el Escorial de Campos, como se conoce el convento de Villagarcía, hasta la expulsión de España de los jesuitas en 1767, cazaba por la comarca y siempre tuvo una disposición exquisita para hablar con la gente, conocer sus predilecciones y asimilar sus costumbres. En FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS, que es la gran novela española del siglo dieciocho, nos proporciona abundantes y sabrosos datos sobre la vida terracampina, desde su gastronomía a las tradiciones. Entre otros apuntes, nos describe un Descendimiento, que entonces se hacía en el exterior de las iglesias (cuando el tiempo lo permite, precisa), un lugar público donde se colocaba la cruz con dos escaleras para que por ellas treparan los santos varones (Nicodemo y José de Arimatea) para desenclavar el cuerpo del redentor, bajarlo de la cruz y mostrárselo a su madre. Una Dolorosa, como vuestra Virgen de la Soledad, que asistía conmovida al recuento que San Juan iba haciendo de los instrumentos de la Crucifixión. 
 
7. Este es su relato, que sin duda os recordará en lo esencial los episodios de vuestra ceremonia pasional: “Salen los venerables varones con sus toallas, martillos y tenazas, estando ya prevenidas las dos escaleras arrimadas a los brazos de la cruz. El predicador indica a los hermanos los pasos que deben ir dando para liberar el cuerpo crucificado de Jesús. A su lado se coloca una devota imagen de la Dolorosa, que en algunos lugares de Tierra de Campos era articulada (con goznes en el pescuezo, brazos y manos, que se manejan para las inclinaciones y movimientos correspondientes), mientras Juan va presentando los instrumentos de la Crucifixión: La corona de espinas, los clavos de sus manos y los de sus pies. La expresión de la Virgen se conmueve, sobre todo, cuando los tres venerables varones le ponen delante el cuerpo difunto de su Hijo, pidiendo licencia para enterrarle”. Estos rituales, que durante un tiempo se celebraban en el exterior de la iglesia, en Sahagún se escenifican la tarde del viernes, introduciendo al Cristo articulado en una urna con la que después se recorre la procesión del Santo Entierro. 
 
8. EL DESCENDIMIENTO, seguido de la procesión del Santo Entierro, es uno de los momentos cumbre de vuestra Semana Santa. Una Semana Grande que, a pesar de la pérdida de cofradías, ilustra con desfiles procesionales todo el ciclo de la Pasión.  Desde el Domingo de Ramos al de Pascua. Desfiles que recrean los episodios de la Pasión con pasos de indudable calidad, pertenecientes en su mayor parte a la mejor escultura barroca castellana, en la estirpe de los grandes: de Gregorio Fernández, a Tomás Sierra o Díez de Tudanca. Pero el ciclo pasional de Sahagún no sólo se compone de procesiones, sino que incorpora a su programa semanasantero ritos y tradiciones que lo hacen singular. Desde la subasta de los pasos, que va a tener lugar mañana en la capilla de Jesús, a esa costumbre iniciática de la Isa, que se renueva cada viernes santo bien de mañana y que a mí me descubrió hace ya años un periodista de raza: vuestro paisano Paco Labarga. Como bien sabéis, consiste en coger en volandas a  algún forastero incauto y convertirlo en ariete para golpear con sus pies la puerta de la capilla, reclamando a los cofrades que abran. Sin olvidar la ronda de la medianoche de jueves Santo, cuando se visitan las iglesias y se anima el relevo de cofradías en la hora nona con ofrecimiento de higos y limonada a los asistentes, mientras el sonido de la trompa extiende el lamento por la muerte de Cristo desde la torre de San Lorenzo. También después de la procesión matinal del viernes, se reparte en la plaza de San Lorenzo el pan de Jesús mojado en orujo. 
 
9. El domingo de Ramos la procesión de la borriquilla concluye con la bendición de palmas y ramos ante la puerta de San Lorenzo. El Vía crucis de la tarde del miércoles Santo recorre Sahagún, con las últimas estaciones en la capilla mudéjar de San Mancio y ante el prodigio de la torre de San Tirso, cuyo embrujo atribuyó a obra de duendes el poeta Federico García Lorca a su paso por Sahagún. La tarde del Jueves Santo también tiene su colofón  ante san Tirso, donde la Virgen de la Amargura se despide de su hijo, después de procesionar junto a un Ecce Homo del siglo catorce y a Cristo con la Cruz a cuestas. La vigilia se sostiene en la capilla de Jesús compartiendo higos rebozados, escabeche con puerros, aceitunas negras y pan bendito mojado en orujo. El Viernes Santo, después de la Isa, sale la procesión de los Pasos, en la que desfilan Jesús con la Cruz a Cuestas,  Jesús en el Calvario con el Majito Barreno, que prepara los agujeros en la cruz, las Tres Marías, Cristo crucificado con el caballo de Longinos y un Descendimiento monumental, copia del realizado por Gregorio Fernández para la Vera Cruz de Valladolid. Cierran la procesión los cirineos con las cruces, el párroco don Matías, el presidente y distintos cargos de la cofradía, el alcalde y autoridades. En el recorrido, el paso de Jesús Nazareno entra en San Juan de Sahagún, donde los braceros lo inclinan ante la imagen del patrono, en la ceremonia de las Posas. Una vez recogidos los pasos en la capilla de Jesús, se procede al reparto de pan con orujo a los presentes en la plaza de San Lorenzo. La tarde del Viernes se abre con los Oficios que culminan en el desenclavamiento de Cristo, la bajada de la Cruz, su presentación a la Dolorosa y la introducción en la artística urna de cristal para proceder a la Procesión del Santo Entierro, que es la más despojada y conmovedora, acompañada por los cánticos desde el balcón del ayuntamiento al cristo de la Urna y a la Virgen de la Soledad. Una de las notas que caracteriza a la Semana Santa de Sahagún es la distinción de su acompañamiento musical, interpretado por la banda municipal. A medianoche del Sábado Santo, se enciende el cirio pascual en San Lorenzo, que anuncia la alegría de la resurrección, que se va a escenificar en la mañana del domingo con la procesión del Encuentro, en la plaza Mayor, donde la Virgen se despoja de los lutos. Tres semanas más tarde, la romería del Buen Pastor y Patrocinio de San José cuenta con la danza de paloteo de los pastores de Joarilla, que ejecutan el Baile de las Cachas, un legado folclórico de excepcional valor. 
 
10. Las últimas décadas del siglo veinte propiciaron una nueva vitalidad en el fenómeno procesional, que después del tremendo impacto de la emigración masiva del campo, conoció un movimiento de rescate vinculado al creciente aprecio por las tradiciones. Aunque no tengo el dato preciso, estoy seguro de que fue entonces, más o menos a comienzos de los años ochenta, cuando una villa como Sahagún puso la mecha del brío a la esencia centenaria de su Semana Santa. Jueves y viernes constituyen el momento nuclear de la Semana Santa, que alcanza su plenitud gozosa en el Encuentro del domingo pascual. 
 
La fiesta primaveral que es la Semana Santa llegaba precedida de un tiempo cuaresmal de ayunos y abstinencias, aliviado cuando se podía con la compra de bulas y resuelto jubilosamente en las celebraciones aurorales de Pascua. Su perfil en nuestra tierra se ha definido reiteradamente como austero, devoto, contenido y volcado hacia la esencia del misterio que conmemora. Sin embargo, agrupar tantos tópicos es como no decir nada. Porque cada lugar lo celebra con sus peculiaridades, marcadas por la vivencia de la costumbre, por la singularidad de los escenarios que recorre y por el atractivo de los rituales y de los pasos escultóricos que exhibe.
 
11. Aunque parezca innecesario, conviene recordar que una manifestación como la Semana Santa admite aproximaciones muy diversas. Religiosa, para quienes participan en la ceremonia y para muchos de los que asisten a su desarrollo. Cultural, para aquellos que la ven como expresión de una mentalidad y como oportunidad para satisfacer su interés por el patrimonio artístico y por la observación de comportamientos ancestrales. Turística, para quienes la contemplan con la curiosidad del que se entretiene con un festejo tradicional. Pero no sólo son posibles estas perspectivas, que desde luego en ningún caso debieran resultar excluyentes. Porque nuestra Semana Santa ofrece en cada rito, en cada música, en cada paso, en cada silencio, un ángulo distinto, cuya suma y coexistencia no compiten ni se estorban, sino que enriquecen la experiencia de vivir y contemplar la fascinación del misterio.  
 
Fieles y vecinos de SAHAGÚN: Vivid un año más estos días de Pasión con el aliciente de saber que tras el sufrimiento y las penalidades, aguarda la recompensa de la alegría y su celebración. Y muchas gracias por dispensarme el privilegio de compartir en este recinto acogedor de la Trinidad, el anuncio de vuestra Semana Grande, que es la Semana Santa. Por último, quiero despedirme al son de la jota piadosa, que dice: 
 
 
Allá va la despedida, 
La de Cristo, nuestro Bien: 
Que sigáis siendo felices,
Por siempre jamás, Amén.  
 
MUCHAS GRACIAS
 
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