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Fiestas y tradiciones - La Pasión
Néstor Hernández Alonso
Miércoles, 23 de marzo de 2016
Firmas

“Hazme una cruz sencilla, carpintero…”

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Ya estamos de lleno en Semana Santa, el periodo más intenso del año, durante el cual se recuperan las tradiciones básicas de cualquier población, porque no hay pueblo sin Semana Santa ni Semana Santa sin tradiciones, conservadas con fervor y fidelidad a lo largo de muchas generaciones.
Sé que algo ha cambiado, que hoy esta semana no es exclusivamente religiosa, sino que junto a los actos litúrgicos conviven otras celebraciones profanas de carácter lúdico. Regresan muchos vecinos, los estudiantes y hasta los peregrinos se animan a patear los caminos, todavía embarrados por las recientes lluvias. Sin embargo, todo esto no ha empobrecido a la Semana Santa, sino que la ha abierto a otras preferencias y a otro tipo de visitante atraído por el conjunto y no solo por las procesiones. Se celebran concursos de limonadas, actividades teatrales, conciertos de música, sacra y regional, exposiciones de fotografías… Sin duda, los pueblos se reactivan, tal vez animados por la primavera y su variado colorido, lleno de vida y fuerza.
No obstante, no nos equivoquemos, la Semana Santa debe de seguir ligada a los actos religiosos, aunque estén mezclados con el turismo y el folclore. Aprovechemos para ver las procesiones y admirar las tallas del Nazareno, de la Dolorosa, repletos de expresividad y dolor; para escuchar los sones cortantes de las bandas, de sus penetrantes cornetas, del repiqueteo constante de los tambores; para llenar los pulmones del olor especial del incienso, mezclado con el desprendido de árboles y flores recién brotados; para reconocer el esfuerzo, nunca pagado, de cofrades y cofradías, siempre dispuestas para mantener estos actos costosos en tiempo y dinero.
Reconozco que no todas las poblaciones tienen la suerte de Sahagún, cuya Semana Santa es reconocida por todos, pero cada pueblo, en su medida, estoy seguro que peleará por sacar a la calle esa cruz de madera, vieja, amarillenta, ante la que numerosas veces se ha acercado a rezar o a examinar su rudeza o esa Virgen querida, sobre unas andas descoloridas, aunque muy antiguas, “como decía mi abuelo”, porque estas imágenes las poseen todos los pueblos. Me acuerdo de unos bellos y sentidos versos de León Felipe, adecuados para la ocasión:
 
Hazme una cruz sencilla, carpintero,
sin añadidos ni ornamentos,
que se vean desnudos los maderos,
desnudos y decididamente rectos...
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1 Comentario
Fecha: Miércoles, 23 de marzo de 2016 a las 13:44
JMRojo G.
Muy bueno, Néstor, como el rabino sabio del evangelio sacas del baúl cosas nuevas y viejas, según conviene.

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