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Néstor Hernández Alonso
Lunes, 6 de junio de 2016
Firmas

Peregrinos

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Ya se ha ido el invierno y con él las heladas, el frío, la nieve y ha llegado la prometedora primavera y con ella han regresado los jubilados, las fiestas, el buen tiempo y los peregrinos, esa silueta llamativa que llena sendas y caminos de hombres y mujeres, vestidos con ropas distintas: sombrero, cayado, mochila, concha…, buscando albergue por los pueblos de nuestra comarca, especialmente este año que coincide con el Año Santo, muy valorado por peregrinos y fieles cristianos.
Para entender este fenómeno, de raíz medieval, en el cual se mezclan aspectos históricos y legendarios, religiosidad y turismo, debemos conocer cómo surgió y cuáles han sido sus etapas fundamentales. 
La llegada del cuerpo de Santiago a las costas gallegas, su pérdida y posterior aparición, señalada por un corro de estrellas, el apoyo de la Iglesia y de Francia a las primeras peregrinaciones fueron circunstancias fundamentales para su iniciación, la posterior colaboración de las órdenes religiosas y de los monarcas convirtieron, con los años, estas peregrinaciones en un fenómeno social, cultural, religioso y artístico de primera magnitud. 
Hasta el siglo XV, la llegada de peregrinos extranjeros (franceses y alemanes, sobre todo) e hispanos fue masiva, cubriendo el recorrido de nuevas ciudades, iglesias, románicas, góticas, palacios renacentistas, posadas, etc., como ocurre en Puente la Reina, Burgos, Carrión, Sahagún, Villafranca, entre otras. 
A partir del Renacimiento, las peregrinaciones sufrieron una paulatina decadencia, incluso se temió por su desaparición. En España, en la segunda mitad del siglo XX, con el apoyo del régimen, paulatinamente fueron recuperándose hasta convertirse en la actualidad en acontecimiento mundial, del que participan americanos, asiáticos y europeos. 
¿Qué esconden estos sufridos caminantes? ¿Es por religiosidad, por moda, por hacer turismo, por realizar visitas culturales? Algo de todo diríamos para no corregir a nadie. Lo cierto es que el Camino está ahí, influyendo en el comportamiento de los hombres: “Después de hacer el Camino eres otro”, proclaman los peregrinos y que este nuevo Año Santo nos ofrece otra oportunidad para conocerlo mejor.
Por el Camino Francés o por la Vía Trajana, abramos nuestros albergues, ermitas e iglesias a estos arriesgados peregrinos y tratemos de comprender mejor esta actividad, llena de riesgos, cansancio y privaciones, pero, al mismo tiempo, repleta de conocimientos nuevos, experiencias y satisfacciones, tan necesarias para que nuestro espíritu no se seque.
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