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Firmas - La Pradera de Juanda
Juanda Rodríguez
Lunes, 11 de diciembre de 2017
Verdaderas joyas bionaturales en la comarca de Sahagún

Montes de encinas, islas siempre verdes: Mahudes, Valdelocajos y Calzadín

Tenemos ejemplos de montes o dehesas en la comarca de Sahagún muy a tener en cuenta por su alto valor biológico/ecológico. Hay nombres de pueblos que hacen referencia a estas masas arbóreas, tal que Santa María del Monte de Cea o Quintana del Monte. Podríamos incluir también aquí a Gordaliza del Pino por el apellido de la especie pinícola. Por tamaño, la zona contiene bosques en los que predomina el roble (Quercus robur) muy considerables como los montes de San Pedro de Valderaduey, Villamartín de Don Sancho, Villamol, Valdavida, Villaselán y Renedo de Valderaduey. Eso sin hablar del imponente Monte Riocamba, en Renedo de Valderaduey, que limita con Guardo (Palencia), pero que perteneciente al municipio de Cea y que bien merece un artículo en solitario.

 

Pero vamos a centrarnos en este punto sobre los montes y dehesas de encinas como son Valdelocajos y Mahudes, en el término municipal de Calzada del Coto o el monte ‘Calzadín’, en Gordaliza del Pino, consideradas verdaderas reservas biológicas, joyas históricas ricas en avifauna, espacios naturales de protección especial. Si decimos que son unas islas verdes es porque permanecen todo el año vestidos con este color debido a la hoja perenne de los árboles (Quercus ilex), en contraposición de las masas arbóreas de roble común (Quercus robur) o de haya (Fagus sylvatica), de hoja caduca y más comunes cuanto más al norte.

 

Estos tres bosquetes de encinas componen un triángulo ideal para realizar excursiones individualizadas o conjuntas -mejor en bicicleta con tiempo benigno para engrasar el corazón- que pueden realizarse por las sendas de su interior, si bien hay que advertir que la propiedad de estos montes es particular, también es cierto que no se encuentran vallados. Además de poder admirar ejemplares de encinas centenarias que verdaderamente impresionan, también podemos encontrarnos alguna que otra sorpresa.

 

Y es que, el interior de estos montes especiales da cobijo y refugio a numerosos grupos faunísticos, una gran variedad de ejemplares de fauna salvaje, tanto de aves como de mamíferos y mustélidos, que anidan y crían en estos espacios. Así podemos encontrar en algún momento ejemplares de águila calzada, alcotán, autillo, azor, búho real y chico, cárabo, chotacabras, ciervo, corzo, cuco y críalo, gato montés, jabalí, lobo o tejón. Y que nadie se alarme por leer lo de lobo, pues aún no se conoce ataque alguno de lobo solitario o en manada a un humano, más allá de cuentos como el de Caperucita Roja. Pero haberlos, ahílos. La variedad de setas u hongos que pueden albergar estos refugios son también extensísimos. Los amantes de las setas lo saben bien.

 

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MAHUDES

Si entramos a analizar uno por uno estos pequeños bosques nos encontramos con que cada uno de ellos ha sido objeto de algún ataque protagonizado, como no, por la mano irresponsable del hombre. El caso de Mahudes es bastante peculiar. La propiedad sigue estando en manos de la familia de María del Carmen Estévez Eguiagaray, quien fuera la esposa del exministro y expresidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga. Y a pesar de que la masa arbórea se presenta en su mayoría en un grupo boscoso, siempre se denominó Dehesa Mahudes. Precisamente una de las peculiaridades de este espacio verde es la presencia de una verdadera dehesa para la parte oeste que limita con Gordaliza y Valdespino Vaca, al igual que hacia el sur en dirección a Galleguillos. Son encinas aisladas diseminadas y repartidas entre las tierras de labor que se asemeja a la perfección a esas dehesas salamantinas o extremeñas, si bien aquí faltan los cerdos de pata negra alimentándose de las bellotas que producen estos preciosos árboles, muchos de los cuales simulan figuras caprichosas dignas de fotografiar. Estas encinas solitarias dificultan enormemente las labores mecánicas de las tierras donde se encuentran, tanto a la hora de labrar, sembrar como cosechar, más últimamente con los sistemas de guía por GPS, pero el grado de protección que pesa sobre estas especies impide que se las pueda dar hacha o motosierra, afortunadamente para todos.

Mahudes sufrió hace unos años la tala de un buen número de encinas para poder poner en producción un espacio agrícola de regadío alimentado por un pívot circular. Se permitió y aquí no ha pasado nada.

 

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CALZADÍN

El caso del Monte ‘Calzadín’ está incluido en el término municipal de Gordaliza, si bien limitando con el de Vallecillo. La propiedad privada la administra una comunidad de bienes y de este monte se aprovecha la leña y la caza. La agresión –se podía decir atentando- que sufrió recientemente el ‘Calzadín’ fue que los designios de los ingenieros quisieron que, por casualidades de la vida, fuera literalmente atravesado por el canal de riego de Payuelos (el Bajo) sin que nadie se opusiera a ello, lo que obligó a la tala de un buen número de encinas centenarias. Lo vergonzoso del caso es que la zona es prácticamente llana y que hubiera bastado un pequeño desvío de 200 metros para ‘librar’ la traza del monte. Parece que las cuentas no salían y nuevamente pagaron ‘el pato’ los pobres árboles que llevaban algún que otro siglo creciendo en paz.

El ‘Calzadín’ guarda a sus espaldas otros capítulos vergonzantes, esta vez con nombre y apellidos. Como fue el caso de Elías Gutiérrez de Godos, de Grajal de Campos, que el 16 de septiembre de 1936 moría tiroteado y era enterrado en una pedregosa cuenta del  monte hasta que finalmente fue rescatado por el equipo de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) en 2007 y sus restos entregados a la familia unos años después. Por desgracia, este mismo paraje sirvió en demasiadas ocasiones para llevar a cabo los asesinatos de personas represaliadas por el bando nacional.

 

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VALDELOCAJOS

Y pasamos al monte ‘Valdelocajos’, también en el término de Calzada del Coto, aunque limitando con el de El Burgo Ranero en lo que toca a Calzadilla de Los Hermanillos y con un pequeño esquinazo que pertenece a Bercianos del Real Camino. El perímetro es mucho más irregular que sus dos hermanos anteriormente citados. Este monte/dehesa fue un encinar tutelado por el desaparecido y poderoso Monasterio de San Benito de Sahagún, un monte que tuvo su gran importancia para toda la comarca pues de él se han surtido de leña todos los pueblos desde tiempos inmemorables para pasar el invierno. Paralelo al monte pasa el camino alternativo o calzada romana del Camino de Santiago, la Ruta Trajana que para muchos es el auténtico trazado jacobeo en detrimento del que va por Berciano y El Burgo.

La también llamada Dehesa de Valdelocajos tiene historia y, también hay que decirlo, historias de ataques que han ido dejando el espacio más menguado, más dañado. Sin contar con las sucesivas talas realizadas para dedicar espacio interior al cultivo de cereal, lo que popularmente se conoce como ‘roturar’ el monte, este espacio de valor ecológico sirvió a finales de los años 80 como lugar donde enterrar varias toneladas de excedente de tabaco seco con la excusa de que se empleaba como abono natural.

El último atentado que sufrió ‘Valdelocajos’ es bien reciente, del 18 de julio de 2017, cuando la chispa que saltó del peine de una cosechadora que trabajaba al lado justo de la dehesa provocó un fuego que se extendió rápidamente debido al fuerte viento reinante esa tarde y que llegó a afectar a varias hectáreas de arbolado de encina del monte. El caso está aún en los tribunales para dilucidar las consiguientes responsabilidades.

 

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