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Sahagún Digital
Viernes, 22 de diciembre de 2017
De origen mexicano

Decorar con flor de Pascua, un ‘invento’ del sahagunense universarial, Bernardino de Rivera

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Su nombre científico es Euphorbia pulcherrima pero se la conoce comúnmente como flor de Navidad, flor de fuego, Santa Catalina, corona del Inca, Nochebuena o poinsetia, entre otros nombres. De aspecto inconfundible, se trata de una planta nativa del sureste de México que, utilizada como arbusto en jardinería desde tiempo inmemorial, se ha convertido, gracias al sahagunense Bernardino de Rivera, Fray Bernardino de Sahagún, en un emblema universal de la Navidad.

 

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Según la tradición oral, Moctezuma descubrió la flor de Pascua. La recogió de una pequeña colina de las tierras del sur de México, llamada Taxco, en el estado de Guerrero. “El joven emperador, fue quien encontró la bella flor y decidió llevarla a los jardines de su palacio, en la ciudad de Tenochtitlan. Los cultivadores de flores aztecas, amorosamente la cuidaron, quedando cautivados por su belleza y la emplearon para sus ceremonias religiosas de invierno, ellos fueron quienes la llamaron cuetlaxochitl, la flor color de fuego, por sus pétalos encendidos de color rojo escarlata”, cuentan los cronistas de aquel país.

Así y todo, los libros de historia botánica mexicana ligadas al comercio relatan que la flor fue descubierta –"oficialmente"- en México en 1834, y que, además de sus usos rituales sacrificiales, eran símbolo de pureza y vida nueva de los guerreros, ofrendados al sol para la renovación espiritual.

La historia menos oficial cuenta también que el fundador del convento de Xochimilco, Fray Bernardino de Sahagún (1449/50 – 1590), quiso que la flor estuviera en las decoraciones de las primeras pastorelas -representaciones teatrales de carácter religioso- ya que era una de las pocas plantas que florecía en la época de otoño y de invierno.

 

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“Para utilizar la flor a las celebraciones navideñas, los frailes evangelizadores la adaptaron a la nueva religión creando una nueva leyenda. En ella se hablaba de la pequeña y muy pobre niña que no tenía ningún regalo que ofrendar a la Virgen María y al Niño Dios. Un ángel la vio desde el cielo y se le acercó para indicarle que recogiese hierbas que se daban en el camino y las llevase al altar de la virgen. La pequeña obedeció. Cuando colocó las hierbas en el altar se convirtieron en bellísimas flores de un rojo intenso que hicieron felices a la niña, la Virgen María y el Niño Jesús”, explica la Blogger, Patricia Bañuelos, en ‘El volar del colibrí’.

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