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Firmas - La Pradera de Juanda
Juanda Rodríguez
Martes, 2 de enero de 2018
En la comarca: tres parques eólicos, seis huertos solares y un proyecto de biomasa

Diez años de energías renovables: del boom del viento y el sol, al desánimo

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Conviene recordar que las energías renovables son aquellas que se obtienen de fuentes naturales virtualmente inagotables, ya sea por la inmensa cantidad de energía que contienen, o porque son capaces de regenerarse por medios naturales. Entre las energías renovables contamos con la eólica, geotérmica, hidroeléctrica, mareomotriz, solar, olamotriz, la biomasa y los biocarburantes.
Son las llamadas también energías verdes o limpias y las producen la fuerza del viento, el calor de los rayos de sol o la combustión de madera, alternativas todas ellas a la quema contaminante de los combustibles fósiles (carbón, gasóleo, gasolina, fueloil, gas natural…) que  tienden a agotarse y que contaminan más. Lo que está claro es que necesitamos de energía artificial cada minuto de nuestra vida para el consumo doméstico y para el funcionamiento de la mayoría de las industrias.
La comarca de Sahagún no es ajena a estos recursos renovables, unos ‘negocios’ emergentes que nacieron con mucho brío y optimismo en la primera década del siglo XXI como los parques eólicos de aerogeneradores o los huertos solares de células fotovoltaicas, si bien en la segunda década han ‘perdido fuelle’ principalmente por cambios en la normativa que los regula y por la eliminación de subvenciones que sirvieron de reclamo en un primer momento. También por algún que otro escándalo político que está aún en periodo de investigación judicial que pone en entredicho los permisos que se dieron en su día para implantar estos negocios, sobre todo con la ‘explosión’ de las renovables, permisos que ahora se ‘miran con lupa’. De todos modos, merece la pena detenerse y repasar los entresijos de estos proyectos.
 
[Img #16630]La eólica
Recordemos que la energía eólica es el resultado de un proceso en el que se utiliza la fuerza del viento que permite accionar unas turbinas que generan energía eléctrica. Un sistema  sencillo, si bien para que funcione de manera realmente productiva o rentable, estos aerogeneradores se instalan agrupados en los denominados parques eólicos. Entre otras ventajas, la energía eólica utiliza el viento como elemento inagotable, es económica, limpia (no contamina), suele aprovechar zonas áridas no cultivables para su instalación, no daña el suelo, genera empleo, es segura y su impacto ambiental es bajo. Como desventajas podríamos enumerar que es una energía discontinua, su intensidad y dirección cambian repentinamente, requiere de cables de alta tensión para evacuar la producción que genera, la fluctuación en la intensidad del viento produce apagones y no es almacenable. Desde el punto de vista ambiental, estos parques pueden ocupar zonas protegidas, los aerogeneradores afectan a rutas migratorias de aves, existe un choque visual y paisajístico (hay a quien molesta los parpadeos lumínicos nocturnos) y también producen un cierto ruido (contaminación acústica).
La compañía Iberdrola instaló y sigue gestionando tres parques eólicos en la comarca de Sahagún: Valdecarrión, Valdeperondo y Cueza. La producción anual de los tres parques juntos ascendió en 2016 a 164.124 MWh (megavatios hora), según ha informado la compañía a Sahagún Digital, con el detalle siguiente: Valdeperondo, 77.856 MWh; Valdecarrión, 68.529 MWh; y Cueza, 17.739 MWh. Estos tres parques eólicos producen la energía eléctrica equivalente al consumo anual aproximado de 41.000 hogares.
El parque eólico Valdecarrión cuenta con 17 erogeneradores y está situado en los términos de las localidades de San Martín de la Cueza y Celada de Cea; Cueza tiene cuatro ‘molinos’ en el  término de Sotillo de Cea (municipio de Sahagún); y Valdeperondo, el de mayor capacidad, tiene 23 aerogeneradores y se ubica en el municipio de Cea, entre San Pedro de Valderaduey y el propio Cea. En los tres casos, se trata de molinos de 88 metros de altura, con rotor tripala de 90 metros de diámetro y torre de acero tubular.
Estos aerogeneradores transforman la energía mecánica del viento en energía eléctrica a través de un transformador interior, transportándose la energía a través de los cables subterráneos hasta la subestación transformadora en la que se integran los equipos informáticos de control y se eleva la tensión para su posterior conducción hasta las líneas eléctricas de distribución y transporte. La línea eléctrica de alta tensión que evacua la energía producida en las tres instalaciones renovables conecta la subestación La Cueza, ubicada en las inmediaciones de Celada de Cea, con la subestación de Vilecha, en las inmediaciones de la capital leonesa, situada a 61 kilómetros de distancia.
En cuanto a los puestos de trabajo creados, según informa Iberdrola, son 15 directos y 12 indirectos. Los directos: cuatro oficiales de Iberdrola y siete técnicos de mantenimiento, y en campañas de preventivo, otros cuatro técnicos de mantenimiento; los indirectos de otros trabajos de mantenimiento de baja periodicidad o no periódicos (10 puestos de mantenimiento eléctrico, obra civil y trabajos en palas), más una persona de limpieza y uno de seguimiento ambiental. Según la compañía eléctrica, todos estos trabajadores son de la zona.
Sobre el impacto fiscal de los tres parques, en 2017 –siempre según Iberdrola- ronda la cifra de 860.000 euros. Y en materia medioambiental, la inversión realizada en medidas correctoras ascendió a casi 120.000 euros desde su puesta en marcha.
 
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Aquí nos detenemos un momento en el caso concreto de San Martín de la Cueza, una de las pedanías de Sahagún que cuenta en su suelo con estos ‘molinos’, los que Don Quijote confundiría de seguro con enemigos gigantes. En este pueblo limítrofe con la provincia de Palencia se instalaron nueve aerogeneradores que comenzaron a funcionar en marzo de 2008 (pronto se cumple la primera década), cuatro se levantaron en terreno comunal de la Junta Vecinal y otros cinco en suelo de particulares, de los 17 que conforman el parque bautizado como Valdecarrión. Rosa María Quintanilla, actual concejala de Cultura del Ayuntamiento de Sahagún por UPL, fue pedánea de San Martín de 2011 a 2015. Cuando se instalaron los molinos no vivía en el pueblo, pero nos informa de los inicios y de la actualidad del proyecto: “Iberdrola se encargó de negociar por separado, con el entonces pedáneo y con los particulares, y al final se llegaron a acuerdos distintos. Al pueblo, por los cuatro molinos, quedaron de pagar un canon de 28.000 euros más IVA al año, pero no se empezó a cobrar hasta 2011, aunque no hay documentación de que se cobrara nada por la instalación, cuando en otros pueblos sí que se cobró por este concepto. El contrato se firmó por 35 años, pero fue una cantidad fija la negociada, no se puso ninguna variable por producción, y además de que el IVA hay que ingresarlo en Hacienda, también pagamos mucho del IBI porque las 200 hectáreas que se cedieron pasaron de ser suelo rústico a suelo industrial”.
Por un lado se reconoce que en los últimos años, el pago del canon de los molinos ha permitido realizar algunas inversiones importantes en San Martín, pero la sensación de negocio errático permanece en el aire. “Aquí la sensación que hay es que nos han engañado, a las juntas vecinales y a los particulares, tanto con el dinero que se negoció, como por la imposibilidad de poder utilizar el suelo de las fincas que no ocupan los aerogeneradores y que podrían seguir destinándose a la agricultura, como por el tema del empleo, que dijeron que contrataban gente de los pueblos y no han contratado a nadie de aquí”, añade Quintanilla.
También están los ‘otros’ inconvenientes, en opinión de Rosa: “En verano, de noche, no puedes dormir con la ventana abierta porque se oyen las turbinas, que aquí están bastante cerca del pueblo; y después está el tema de las comunicaciones que van fatal, la televisión depende de donde sople el viento se ven unos canales u otros; y la señal de Internet ya no te cuento lo que influye… no hay forma de coger cobertura”.
Otra consecuencia que hay que apuntar en la parte negativa de estos parques es la sentencia judicial por la que el Ayuntamiento de Sahagún habrá de abonar a Iberdrola nada más y nada menos que dos millones de euros, una cantidad casi inasumible para los gestores municipales si no se permite espaciar el pago. El origen de esta sentencia se basa en el recurso que puso la compañía eléctrica al pago de esas cantidades por la expedición de documentos y tasas en el momento de la construcción de los parques eólicos, unas tasas que parece demostrado por el juez que fueron modificadas en normativa municipal una vez que se tuvo constancia del interés en ubicarse en el municipio facundino. Un asunto feo y serio que hace aún menos atractiva la visión de los molinos con sus luces discontinuas características como aviso para las aeronaves.
Sin embargo, el futuro de la energía eólica parece que está garantizado. La mejor prueba de ello es que en la provincia de León hay actualmente dos grandes empresas del sector de la fabricación de aerogeneradores como son Vestas (Villadangos del Páramo) y LM (Ponferrada) que pasan por un estado de salud económico más que aceptable, con sus altibajos, que se refleja en el empleo que generan o que mantienen. Cierto es que la mayor parte de la producción de palas y de turbinas se vende fuera de España.
Con carácter general, habría que apuntar que Iberdrola posee en Castilla y León más de 50 parques eólicos, que suman casi 1.500 megavatios (MW), siendo la compañía líder en el sector renovable de la comunidad autónoma. La compañía ha invertido más de 1.600 millones de euros en la comunidad desde el año 2002 en este campo, además de mantener una plantilla propia de 108 personas en la comunidad.
En el orden de producción mundial de energía eólica, España ocupa un destacado cuarto puesto por detrás de Estados Unidos, Alemania y China. A pesar de las críticas provenientes de algunos sectores científicos y ecologistas, se ha evidenciado un notable incremento de la demanda de la instalación de parques eólicos en España.
 
La solar
La energía solar fotovoltaica consiste en la transformación directa de la radiación solar en energía eléctrica mediante células fotovoltaicas. El material base para la fabricación de paneles fotovoltaicos suele ser el silicio. Cuando la luz del sol, los fotones, incide en una de las caras de la célula solar genera una corriente eléctrica. Esta electricidad generada se aprovecha como energía eléctrica mediante un transformador de alta tensión.
 
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La fabricación de estas células fotovoltaicas es un proceso costoso. El silicio con el que se fabrican las células fotovoltaicas es un material muy abundante en la Tierra, sin embargo el procesamiento del silicio es laborioso y complicado. Una fuente de obtención de silicio es el reciclado de la industria electrónica. La producción de esta energía renovable puede hacerse a gran escala, a través de los llamados huertos solares con conexión a red para la venta de electricidad que se destina al consumo en general o bien a pequeña escala para el autoconsumo en pequeñas viviendas, refugios o lugares aislados. También se han ido incorporando de forma progresiva este tipo de instalaciones solares como fuente de energía en edificios públicos. 
El impacto ambiental de la energía solar se encuentra entre las menos agresivas. Según difunde la Junta de Castilla y León en su página web, hay más de 60 empresas instaladoras operando en el sector, manteniendo un empleo de 1.190 personas entre la energía solar térmica y fotovoltaica.
 
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En la comarca de Sahagún contabilizamos, según datos recopilados de forma no oficial, hasta seis instalaciones solares de producción de energía eléctrica en manos de particulares. Las enumeramos:
-Codornillos: tres paneles de 5 kw cada uno.
-Calzada del Coto: diez paneles de 25 kw en total.
-Almanza: diez paneles de 25 kw en  total.
-Valdavida: 40 paneles con 100 kw.
-Riosequillo: un panel único de 25 kw.
-Vallecillo: ocho paneles de 200 kw.
 
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Obtenemos información de primera mano proporcionada por dos hermanos naturales y residentes en Cordornillos,  Enrique y Paco, que trabajaron como instaladores de placas solares durante ocho años, desde 2005 a 2012. Los hermanos Rojo estudiaron electricidad, trabajaban en el campo y animados por unos amigos ingenieros asturianos, comenzaron a instalar placas solares y a llevar el mantenimiento de varios huertos solares para la empresa asturiana de sus amigos. “Empezamos instalando un panel fijo de 5 kw para nuestra familia en Codornillos, y casi seguido pusimos otros dos de 5 kw en el pueblo para los amigos ingenieros de Asturias. Por la zona pusimos también un huerto de 10 paneles en Calzada y otro de 40 paneles en Valdavida. Entonces todo eran ayudas, subvenciones y ventajas para los propietarios de las instalaciones, pero luego fueron quitando las ayudas, cambió la normativa haciéndola más restrictiva y la gente se desanimó a invertir. Fue cuando nosotros lo dejamos y seguimos dedicándonos al campo, que nunca habíamos dejado, pues compatibilizábamos ambos trabajos”, explica Enrique Rojo.
Y sin embargo, cuando toca hablar de dinero, parece que el negocio no es tan ruinoso como podía parecer. “El panel familiar que pusimos, que es pequeño, costó 34.000 euros y cada año sacamos entre 3.000 y 3.500 euros de luz producida, está ya amortizado”, informa Rojo. Y si hablamos del coste de los materiales… “Una placa costaba en 2005 unos 1.000 euros y ahora andará por los 150 euros”.
El huerto de Riosequillo es especial por lo sofisticado de la instalación. Sus 25 kw de potencia están montados en una sola plancha o panel, unos 200 metros cuadrados que buscan la luz solar de forma automática, cuando otros huertos de esa misma potencia lo tienen repartido en ocho o diez paneles.
Si repasamos los pormenores del huerto solar de Vallecillo, de 200 kw, hay que decir que es el mayor de la comarca, repartido en ocho paneles donde van montadas 400 placas solares. La inversión inicial realizada en 2008, el mantenimiento y la venta de energía partieron de la familia Herreras, oriunda del propio pueblo, si bien no es este el modelo de negocio más habitual en el sector, siendo las empresas las que sobre todo suelen realizar el desembolso inversor. Iberdrola es la distribuidora intermediaria con el Ministerio de Industria y Lorena la persona encargada de la vigilancia y el mantenimiento del huerto. Nos explica las particularidades de su trabajo: “Nuestros paneles son de dos ejes, es decir, giran y al mismo tiempo suben y bajan de forma automática. Con unas cámaras vigilo desde el móvil si todo va bien, muchas veces estoy en Valladolid, pero si algo falla hay que intentar repararlo pronto porque si no generas electricidad estás perdiendo dinero. Después de casi 10 años las cadenas y las poleas se acaban desencajando, siempre hay materiales que reponer. La nieve afecta mucho a las placas, pero lo peor es el viento. La finca donde tenemos el huerto solar  tiene una buena orientación hacia el sol, pero sobre todo es una orientación que da seguridad, por la corriente de viento que las refrigera en el caso de que cojan mucha temperatura, algo que puede ocurrir”, manifiesta Lorena Herreras.
Cuando se pregunta por el tema del dinero o la rentabilidad, la cuestión tampoco apunta al optimismo. “Aquí hicimos una inversión difícil de amortizar, y al principio entre la ayuda del Estado y el precio que pagaban por el kilovatio, la cosa iba bien, pero luego llegaron los recortes y unas condiciones que impusieron de tener que producir un mínimo de tantas horas al año y luego si rebasas ese mínimo el precio del kilovatio varía… algo complicado y mucho menos rentable que antes”, explica esta joven empresaria de Vallecillo.
 
Biomasa
Los pellets ya se han convertido en elementos básicos del sector energético de Europa y están ganando popularidad en el resto del mundo, en especial los que se utilizan para producir calor a nivel industrial y particular, pues la gente se ha dado cuenta de la importancia ecológica y económica que implica la sostenibilidad. Cada vez más, las industrias, complejos de viviendas, casas particulares y edificios de oficinas, consumen pellets de madera para alimentar las calderas con las que logran generar diversos tipos de energía.
 
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Millones de hogares de todo el mundo usan actualmente estufas de pellets de madera para la calefacción. Gran parte de las plantas de carbón de los servicios eléctricos en Europa han comenzado a incorporar pellets de madera en su proceso de producción, debido a los mandatos de los gobiernos y de la UE para regular las emisiones de contaminantes y gases de efecto invernadero. Este uso a largo plazo de las fuentes de combustible no contaminantes para la generación de electricidad, es el futuro de la llamada energía ecológica.
La idea de que la madera es una gran fuente de combustible es muy antigua, pero los fabricantes de pellets están transformando el proceso para que la madera se queme de manera más eficiente y completa, generando una mínima cantidad de cenizas. Estos pellets o biomasa se producen bajo estrictas normas ISO sin añadir aditivos y si los componentes de los pellets proceden de los desechos de la industria maderera que usa materiales de bosques gestionados de forma sostenible o de residuos forestales, no generan ningún incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero. La quema de pellets generan muy poca ceniza, unos residuos que pueden eliminarse como sólidos inertes, pero hay quienes los usan como abono o para fabricar compost.
Almanza alberga la esperanza de la biomasa en la comarca, pues está a punto de convertirse en un municipio creador de empleo y de su lucha en asentar población. Existe un proyecto muy avanzado de instalación de una fábrica de pellets que llevará a cabo la empresa murciana de energía renovables Serel 96 SL, con una inversión de 4.295.000 euros para la construcción de una planta de aserradero de madera que crearía 70 puestos de trabajo, de los cuales 42 serán directos y 18 indirectos. La ejecución de la obra civil superará los dos millones de euros mientras que la adquisición de la maquinaría es de aproximadamente 1.900.000 euros. Las obras deberían haber comenzado en 2017, pero existe un retraso por asuntos burocráticos y de permisos.
La empresa ocupará un total de 5.700 metros cuadrados entre las naves de operaciones, planta de aserradero, fábrica de pellets y astillas, centro de transformación, oficinas y zona de control de accesos. La fábrica se instalará junto a la carretera LE-232 de Almanza a Villaverde de Arcayos, a unos dos kilómetros de Almanza. Serel 96 SL prevé fabricar unas 30.000 toneladas de astilla al año donde la mayor parte de la producción se exportará fuera de España.
El alcalde de Almanza, Javier Santiago, ha opinado al respecto que “todo lo que sea crear empleo en esta zona es importantísimo, por eso apoyaremos desde el Ayuntamiento cualquier inversión que ayude a revitalizar el municipio”. El mandatario local está convencido de que la principal forma de frenar la despoblación es crear empleo.
Los dueños de Serel 96 SL han manifestado que si han elegido Almanza para invertir es por la gran cantidad de hectáreas de monte disponible, por la accesibilidad a la autovía A-231 (a 27 kilómetros) y por los atractivos impuestos que tiene el municipio para las empresas.
De momento, el proyecto ya cuenta con una importante ayuda de los fondos del Instituto del Carbón destinados a los proyectos empresariales, concretamente 543.000 euros, que corresponden al 15% de la inversión prevista.
 
Biocombustibles 
Sobre la producción de biocombustibles como el biodiesel hay cierta polémica en cuanto a si es una energía respetuosa con el medio ambiente, teniendo en cuenta factores como la procedencia de la materia prima. Es decir, que si la materia prima procede de sobrantes o residuos de la producción alimenticia, entonces sí contribuyen al reciclaje y por tanto a emitir menos contaminación al medio ambiente. Pero si la materia prima procede de cultivos creados específicamente para este fin, hay que considerar si éste es el mejor uso posible del suelo frente a otras alternativas como son los cultivos alimentarios o la reforestación. Si tenemos en cuenta las operaciones realizadas para la producción de biocarburantes, como el uso de maquinaria agrícola, la fertilización de los campos, el consumo de agua de los cultivos, la transformación de la materia prima en biocombustibles, el transporte de productos y materias primas… todas estas operaciones utilizan combustibles fósiles y, en consecuencia, el balance neto de emisiones de dióxido de carbono es positivo.
Por tanto, se puede concluir que el uso de biocarburantes, dependiendo de algunos factores, tiene impactos ambientales negativos que hacen que esta energía renovable no sea considerada por muchos expertos como no contaminante y, en consecuencia, tampoco una energía limpia.
En la comarca de Sahagún se cultivan varias miles de hectáreas de girasol, colza o maíz, materias primas todas ellas utilizables en producir biocombustibles, pero la realidad es que estos cultivos se están transformando en productos para la alimentación humana en forma de aceites o de piensos para la alimentación animal. Sí que es cierto que se ha lanzado algún proyecto para fabricar biodiesel que podía beneficiar a la comarca de Sahagún, pero por unos u otros motivos, han ido quedando aparcados en los cajones de la Administración.
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