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Turismo - Turismo Sahagún
Oficina de Turismo de Sahagún
Martes, 2 de enero de 2018
Protagonistas de la historia III

San Juan de Sahagún

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Un 24 de junio de 1430 vio la luz en Sahagún el primogénito de Juan González, regidor de la villa, y de doña Sancha Martínez, al que bautizaran con el nombre del santo del día.
Sus primeros estudios fueron en los Benedictinos de Sahagún y allí destaco por su viva inteligencia, de donde no saldrá hasta ser  capellán en el pueblo de Codornillos.    Más tarde serviría como paje al obispo de Burgos, que lo ordenaría sacerdote, secretario suyo, y canónigo de la Catedral. Su humildad y vocación predicadora le llevaría a ejercer como capellán en la humilde iglesia de Santa Gadea, ayudando a los feligreses pobres, tullidos y necesitados, siendo querido y respetado; hasta que decidió irse a Salamanca donde se matriculó en Teología en la Universidad, cursando estudios durante cuatro años. Comparte estos estudios con las cocinas, fregando y lavando platos en el Colegio de los Agustinos. Acabó sus estudios y, siendo ya doctor, seguía desarrollando esta labor, que lejos de avergonzarle, le ensalzaba a lo que otros sacerdotes y novicios le imitaban. Transcurría su vida orando y dando sermones, y escribiendo algunas obras y disertaciones, siendo un magnifico predicador hasta que un día al acostarse sintió leves molestias y comenzó a sentirse enfermo. Los doctores que le asistieron declararon a sus superiores que tenía una dolencia desconocida que no acertaban a diagnosticar; esta dolencia le apartó de sus quehaceres y de las calles que tanto le gustaban, dejándole postrado en cama. San Juan rezó y rezó prometiendo a Dios que si sanaba consagraría su vida como religioso. El 18 de junio de 1463 cumplió su  promesa, adopto el nombre de Fray Juan de Sahagún.
Al poco tiempo empezó a mejorar con gran sorpresa de sus doctores que no conocían cura, salvo una arriesgada operación en aquella época (pudiera ser un cólico miserere o peritonitis o cólico nefrítico llamado mal de las piedras). Recuperó plenamente la salud y entró a formar parte activa en la Comunidad de Religiosos Agustinos, a donde llegó con fama de santo, la cual se extendía, y sus milagros se sucedían a más de doscientos.
 
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Se habla, por ejemplo, del milagro del Pozo Amarillo. Un niño se cayó a un profundo pozo, pero San Juan de Sahagún que pasaba por allí con ayuda del cordón de su sotana, asomándose al brocal lo alargó al zagal, rogándole que se asiera. Al no llegar éste a alcanzarlo, San Juan hizo subir el nivel de agua hasta que el crío, llorando y atemorizado, logró llegar a la boca del pozo y salir mojado y asustado.
En otra ocasión caminando por una calle de Salamanca, San Juan de Sahagún fue alertado por los gritos de la muchedumbre. El algarabío era por los derrotes de un toro bravo que correteaba por las calles escapado de su chiquero. El animal embestía a todo aquel que por allí pasaba, San Juan de Sahagún se plantó ante él y le dijo: “tente necio”, a lo que el toro se quedó manso y no opuso resistencia a su retorno al corral. Agradecidos por siempre esta calle de Salamanca llevará el nombre de Tentenecio.
Mientras él vivió, gracias a sus rezos al Señor, no sufrió peste o enfermedad alguna la ciudad de Salamanca. Uno de sus mayores logros fue conseguir apaciguar las querellas que enfrentaba a dos bandos de familias nobles, los Monroy y los Manzanos que durante cuarenta años pelearan  en Salamanca, con muchas muertes por ambas partes.
Sucedió que el comendador de la ciudad tenía una amante. Al escuchar los sermones de San Juan de Sahagún en la iglesia de San Blas, decidió apartarse totalmente de la querida, quien despechada amenazó con quitar la vida de San Juan antes de que finalizara el año. Unos dicen que mandó envenenar la comida del santo, otros, que contrató a un sicario, para que lo apuñalase con un estilete untado en ponzoña, sea como fuere, pereció emponzoñado a los 50 años… Las sequías imperaban, el incipiente verano era asfixiante y llevaba mucho tiempo sin llover, las cosechas se perdían, San Juan viéndose en brazos de la muerte, dijo que apenas llegara al cielo pediría al Santo Padre agua para su querida Salamanca, nada más morir empezó una época de abundantes lluvias que arreglaron las cosechas.
 Sus restos fueron enterrados en la Catedral Nueva de Salamanca, aunque hay reliquias suyas en Sahagún y en varios otros lugares del mundo.
Fue beatificado por el Papa Clemente VIII en 1601 y canonizado por el Papa Alejandro VIII en 1691, su festividad se conmemora el 12 de junio. Es el patrón  de la villa de Sahagún y  de la ciudad de Salamanca. 
 
 
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2 Comentarios
Fecha: Martes, 2 de enero de 2018 a las 19:06
TERESA
Veo a Alfonso de Saiz , el butanero
Fecha: Martes, 2 de enero de 2018 a las 13:13
Manolo
Yo ley en una ocasión que la labor de Juan en el confesionario a nadie dejaba indiferente.Muchos le tachaban de rigidez,pero quienes le confiaban la dirección de su alma experimentaban una paz interior especial. Varias veces intentaron quitarle la vida por el contenido de denuncia de sus sermones ,y en una de ellas llegó a efecto.Despechada una mujer por ser reprendida en sus relaciones con un hombre casado,ésta envenenó la comida del santo,que poco días después le produjo la muerte. Ocurrió en 1479, cuando contaba 49 años de edad. Salamanca lloró amargamente a quien transformo la ciudad, y hoy lo tiene por abogado y protector. Pablo Díaz Bodegas.

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