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Redacción
Miércoles, 17 de enero de 2018
Fiesta de gran interés etnográfico

San Antón en Las Grañeras: refranes, roscas y bendiciones

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17 de enero. San Antón en Las Grañeras. Hasta donde alcanza la memoria, puntual, así llueva a mares (que ya pasó algún año), nieve (pasó también) o la niebla no permita ver ni la torre de la iglesia, que también. Pero esta vez tocaba sol. Y los once grados que marcaba el termómetro, tan agradecidos para pies y manos, animaron como hacía mucho la fiesta grande de Las Grañeras, tomada por la niebla desde hacía días, como gran parte de la comarca. 
Además de baile vermú, teatro y verbena nocturna, la fiesta de Las Grañeras conserva una tradición ya única en la comarca que distingue la ceremonia y la hace verdaderamente especial. Ésta, escenificada esta mañana, se divide en cuatro ‘actos’ o capítulos, que arrancan con una procesión por las calles del pueblo en la que se porta la imagen del patrón. San Antón va acompañado de los emblemas y cruces de la parroquia, además del pendón, que encabeza la marcha. De nuevo en la iglesia (de allí parte la procesión) dan comienzo los actos religiosos, normalmente, también este año, acompañados de música en vivo.   
El jaleo de la calle se amplifica cuando el cura da la bendición y salen los primeros feligreses. Segundo acto. Termina la misa y, guiados por un instinto casi primario, los parroquianos toman posiciones entre el sol y la sombra del soportal de la iglesia, donde se ubicará la imagen del patrón y una ofrenda en forma de ramo de roscas. Hablar de roscas en la comarca es hablar del obrador de Gordaliza del Pino, Dulces Ramos, maestros en este dulce que bien podría definir el carácter de la comarca: un poco seco al primer bocado, amoroso al segundo, y con un punto muy justo de azúcar para no empalagar. 
Junto a los iconos, los animales. San Antón es el benefactor de las bestias y no es extraño que a la puerta de la iglesia esperen su bendición caballos, aves, roedores domésticos, perros… Todos ‘formalines’ recibieron el agua por parte del cura de Las Grañeras, Jorge García.   
Bendecidos los animales, el tercer paso de la fiesta de San Antón. Es tal vez el más singular o, al menos, el que más llama la atención del público. Así, en ese mismo escenario, algunos ‘trovadores’ de la comarca comparten creatividad y puesta en escena en forma de verso dedicando composiciones al patrón: una rogativa, una petición o una historia simpática sobre algún acontecimiento ocurrido en la zona o que tenga que ver con la política actual. 
Este año estuvo muy animado y fueron cinco las personas que participaron en el ‘Refrán de San Antón’ -se conoce como echar refranes-, todo un bien de interés etnográfico que parece que cuenta con relevo generacional. 
Destacar así la participación de Leonis Mencía, con un pie puesto en los 86 años y siempre fiel a ‘su’ San Antonio Abad, al jovencísimo Néstor –“Néstor, como mi abuelo”- llegado desde la vecina población de Gordaliza del Pino, Marta Fernández y Telvi, dos de ‘casa’ que tienen tablas y Carlos Rivero, desde Bercianos del Real Camino, también repetidor. 
Los participantes recibieron el aplauso del público y el agradecimiento de la Junta Vecinal de Las Grañeras, que les entregó un detalle en recuerdo del día. Como broche de oro, cuarto y último capítulo: la subasta de las roscas. Aunque no se trata de una subasta como tal y se fija un precio, la ansiedad por hacerse con una bendita rosca hace sudar hasta a los encargados de cortar los hilos con los que están prendidas al bastidor del ramo.  
Cortada la última, San Antón regresó a la iglesia y, el resto, al teleclub, que justo está enfrente. 
 
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