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Cristina Domínguez
Miércoles, 21 de febrero de 2018

Cuatro gatos viejines

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Nuestros pueblos se apagan. No hay que ser una fiera con los números: hay más defunciones que nacimientos, los jóvenes no encuentran su espacio en el medio rural y salen pitando en cuanto pueden. La llegada de nuevos moradores es testimonial y muchas veces de vuelta rápida. Cuatro gatos y encima viejines, eso es un pueblo de por aquí.        

Aunque desde hace algunos años el ritmo se ha ralentizado y la impactante fuga de recursos humanos que experimentó la comarca en la década de los sesenta es ahora más lenta, ésta se presenta tan letal como una ‘gota china’, incesante, sutil, pero que llegará a perforar el cráneo causando la muerte del torturado.     

Echar un ojo a las estadísticas del INE despeja dudas para el que todavía las tenga a estas alturas: hace diez años éramos mil doscientos vecinos más y no sumamos ni 8.000 entre los veinte municipios, setenta y pico pueblos, que salpican el sureste leonés, el partido judicial de Sahagún. Sólo hace falta sacar la cabeza por la ventana para darse cuenta. Eso sí, si la ventana es la de una casa de un pueblo, porque si es la ventana de un piso en León, o de un chalé de Madrid, está claro que la visión de la realidad es otra…

Que quedamos aquí cuatro gatos y encima viejines lo sabe un tonto. Pero aquí estamos. Con Internet a ratos y a ralentí, un horario de trenes imposible, el pediatra desaparecido en combate, mil baches en la carretera y la obra del canal que no termina… Pero aquí estamos. Resistiendo. En la lucha. ‘Esto’ no está vacío todavía.   

Y es que parece que se ha puesto ahora de moda llamarnos la ‘España vacía’, que es el título de un libro de Sergio del Molino que habla de la despoblación y que va camino de rebautizar lo que siempre se ha llamado pueblo, medio rural. Y es que, el título de la obra de Molino se emplea últimamente con frecuencia cada que vez hablan de León (de la capital no, eh¡, que tiene AVE), de Extremadura, de Cuenca… en definitiva, cuando hablan de nosotros, los que estamos más o menos lejos de la costa y fuera del radio de acción de las grandes ciudades.    

Vacía, dicen. Qué cruel para los que vivimos aquí y confiamos nuestro futuro a la tierra que ahora no nos vean. Cierto es que nunca han mirado mucho para este lado -algunas veces parece que sólo los tuertos- y que la ceguera es un mal muy extendido, pero hay que aguzar. Afinar y hacernos ver, que también nos cuesta. Algo hay de culpa.  

Porque entre esos cuatro gatos viejines hay profesionales de la agricultura, de la ganadería, mecánicos y veterinarias. Hay pequeños emprendedores y medianos empresarios. Hay estudiantes de cocina, escritores, abuelas que cuidan niños y cuidadores de enfermos de Alzheimer. Hay dependientas y cajeros de supermercado, oficinistas, médicos, religiosas, libreras. Hay veraneantes, universitarios de fin de semana, peregrinos, despistados que se confunden de carretera e ingenieros de caminos. Funcionarios, músicos, también actores, incluso bailarinas, limpiadores de oficinas y muchas personas encantadas de vivir en su pueblo, al que dan vida y llenan por muy vacía que quieran verla.

Sahagún Digital. El magazín del sureste de León
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