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Firmas - La Pradera de Juanda
Juanda Rodríguez
Martes, 27 de marzo de 2018
En la comarca hay 3.600 colmenas estantes y 3.000 más trashumantes

Apicultura en la Comarca de Sahagún (I): dulce y delicado negocio

Colmenas, abejas, miel, polen, propóleo… El negocio de la apicultura no deja de tener una importancia económica relativa en nuestra estimada Comarca de Sahagún, tanto para complementar la renta familiar, la más de las veces, como para plantearse llegar a vivir en exclusiva del trabajo esmerado de estos insectos tan especiales e importantes para la vida.

 

Ya lo dijo Albert Einstein: “Si las abejas desaparecieran, el mundo duraría cuatro años”. El famoso físico quizá exageraba un poco, pero no le faltaba razón, pues si no hubiera polinización no habría semillas, sin semillas no hay plantas y sin plantas no habría oxígeno que respirar. Esto significa que hablar de abejas, además de un negocio potencial, es decir que son imprescindibles para la vida misma al actuar de polinizadores naturales, al encargarse de transportar el polen de las plantas (frutales, cultivos…) para que puedan producir sus frutos.

 

Pero los polinizadores están en crisis, no pasan los mejores momentos que digamos.

Algunos estudios indican que el hombre comenzó a controlar y manipular enjambres en el Neolítico y que fue en el antiguo Egipto cuando se consolidó la apicultura, una ciencia que no ha dejado de evolucionar.

 

 

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La miel, alimento con importantes propiedades y beneficios para la salud, sobre todo es un azúcar natural sustituto del refinado. Otra ventaja: la miel no caduca, lo que la hace más atractiva para el consumo. Se ha encontrado miel comestible en ánforas egipcias de hace casi tres mil años. Un producto con solera, sí, pero no todas las mieles son iguales, el mercado demanda un producto de calidad. Cada vez más.

 

Se podría pensar que iniciarse en la actividad apícola es algo sencillo y, más aún, altamente rentable. Nada más lejos de la realidad. Se hace del todo necesaria una formación inicial en los temas sanitarios, alimenticios, legales y en el manejo de las colmenas/abejas. Si no existe esa formación previa, el fracaso está prácticamente garantizado.

 

Pero quienes ya están metidos en la rueda dulce de la miel, con mayor o menor número de colmenas, también soportan las consecuencias de la crisis, si no es por efectos climatológicos como la tremenda sequía y las terribles heladas de 2017, es por las múltiples amenazas a las que se ven sometidos estos preciados insectos que iremos analizando más adelante.

 

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En lo que a rentabilidad se refiere, veremos las declaraciones de implicados en el sector que hablan claro sobre las dificultades que existen para sacar provecho de una explotación apícola, un sector ganadero que se ve sometido a una muy variada problemática.

 

De momento, para realizar una radiografía aproximada del sector, comenzamos haciendo público el censo de colmenares de la zona, según datos facilitados por la Junta de Castilla y León. Este es el panorama apícola que nos encontramos en la comarca en lo que a colmenas se refiere, año 2017:

 

-Almanza: 1.420

-Bercianos del Real Camino: 12

-El Burgo Ranero: 51

-Calzada del Coto: 52

-Castrotierra de Valmadrigal: 5

-Cea: 42

-Cebanico: 1.505

-Escobar de Campos: 0

-Gordaliza del Pino: 42

-Grajal de Campos: 2

-Joarilla de las Matas: 6

-Sahagún: 41

-Santa Mª del Monte de Cea: 74

-Vallecillo: 0

-Villamartín de Don Sancho: 4

-Villamol: 4

-Villamoratiel de las Matas: 0

-Villaselán: 158

-Villazanzo de Valderaduey: 176

TOTAL: 3.592

 

Dentro de estos datos destacan muy por encima del resto de municipios los de Almanza y Cebanico. En Almanza, concretamente, hay 13 apicultores, uno de ellos con 610 (de Calaveras de Abajo) y con 560 otro en Almanza mismo. Por su parte, en Cebanico hay censados siete apicultores, dos mujeres como titulares de sendas explotaciones con 490 colmenas cada una y un varón con otras 460. Unas cifras nada desdeñables en un territorio que cuenta con una extensión más que notable de monte de roble y de arbusto de brezo suficiente para que las abejas tengan flores y néctar donde libar. A nivel provincial se calcula que hay unas 50.000 colmenas en producción repartidas entre 1.400 apicultores.

 

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Apicultores de la comarca consultados nos hablan de que en un año normal/medio la media de producción por colmena puede rondar 15 kilos de miel, dejando una cantidad imprescindible para que los animalillos puedan pasar el invierno con garantías de alimento. Con estos datos estamos hablando de una producción global anual en León aproximada de 750 toneladas de rica miel.

 

A nivel económico, teniendo en cuenta que el kilo se está vendiendo entre los siete-ocho euros, si es envasada y entre los cuatro y los cinco si son grandes cantidades a granel, se puede concluir que el precio medio se sitúa en seis euros por kilo. La producción a nivel provincial rondaría los 4,5 millones de euros, cantidad que correspondería a 325.000 euros para la comarca de Sahagún. En estas cifras no se tiene en cuenta la miel ‘trashumante’ (se trata en capítulo aparte) cuyo valor añadido se va fuera de los límites provinciales y por su puesto comarcales.

 

Asociados, formados, preparados…

En la provincia de León hay actualmente tres asociaciones a las que están acogidos buena parte de los apicultores, aunque otros cuantos ‘van por libre’. Una de ellas es la Asociación Leonesa de Apicultores –ALA- que nació con unos objetivos claros: representar, gestionar y defender los intereses de los apicultores agrupados, para lo que promociona, desarrolla y ejecuta actividades que contribuyen a mejorar la producción, la calidad y la productividad de la miel entre sus socios. En ese sentido, los de ALA se encargan de establecer y mantener servicios propios de asistencia y asesoramiento técnico e interés profesional. En ALA están asociados en torno al 60% de los apicultores leoneses, en la actualidad unos 500, que cuentan en sus explotaciones de forma conjunta con 30.000 colmenas.

 

El secretario de ALA es José Antonio Panera Bermejo, con explotación en Santas Martas, quien nos echa una mano para analizar la situación que atraviesa el sector en la provincia y en nuestra comarca en particular. Y comenzamos hablando del 2017, año horríbilis. “Mucha gente no cogió nada y quien cogió algo igual fue porque dejó poca miel para que la colmena pasara el invierno. Conozco algún caso que en un año normal coge 15.000 kilos y el año pasado cogió 700. Y no es sólo lo que no cogiste, sino que encima las abejas entraron en el invierno debilitadas, con poca abeja joven y nos encontramos con un invierno de mucho frío, nieve, lluvia… y ahora que tenían que estar saliendo fuera y criando, pues de momento ni se lo plantean, por lo que calculamos que cuando empecemos a abrir las colmenas ahora en primavera nos encontremos con un 40% de pérdidas, es decir, muchas colmenas muertas”, asegura Panera.

 

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Según el secretario de ALA existe dos tipos de apicultores: los que tienen pocas colmenas, que atienden en los ratos libres y que tienen el negocio como un complemento económico y casi como ocio; y los que son titulares de la explotación a título principal y que cuentan con un número importante de colmenas, entre 400 y 500 y que, en definitiva, viven del trabajo de las abejas, que implica una dedicación prácticamente a tiempo completo. “Claro que se puede vivir de la miel, pero lo que no es viable es empezar de cero con una gran cantidad de colmenas, pues la experiencia y la formación es fundamental en este negocio y si no empiezas poco a poco corres el riesgo de que se te mueran todas y se te vaya toda la inversión al garete”, explica Panera.

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