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Firmas - La Pradera de Juanda
Juanda Rodríguez
Sábado, 31 de marzo de 2018
La varroa, la gran amenaza

Apicultura en la Comarca de Sahagún (II): trashumancia y otros ‘bichos’

Los únicos alimentos naturales para las abejas provienen de los néctares y el polen que recogen en el campo. Estos alimentos contienen nutrientes vitales que optimizan la salud de los pequeños insectos. Las abejas varían sus propias dietas, volando más alejadas de la colmena para encontrar otras flores, si han sido recopilados grandes cantidades de néctar de un tipo de planta. 
 
Pero hoy en día los apicultores alimentan a sus abejas con jarabes artificiales y este alimento está hecho a base de jarabes de alta fructosa. A diferencia de la gama de grasas, proteínas, vitaminas y minerales que se encuentran en el polen y el néctar, estos jarabes tienen importantes carencias nutricionales.
 
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“Lo aconsejable para hacer un buen mantenimiento de la colmena durante los meses de frío en los que permanece inactiva, el ‘parón invernal’ que puede llegar a ser como esta temporada de cinco meses, es dejar al menos un tercio de miel y polen tras la ‘cata’ estival con el fin de garantizarles alimento, pero aun así hay que estar vigilantes para suplementar, si viene al caso, con comida adicional, más si el invierno se presenta especialmente duro”, explica Carlos Miguélez, apicultor en Calzadilla de los Hermanillos.
 
En cuanto a los tipos de mieles, éstas, dependen de la floración del entorno donde están ubicados los colmenares. Así, en la provincia predominan las oscuras de brezo, roble, encina, milflores, tomillo y cantueso. En la Comarca de Sahagún, la que predomina es la miel clara, la conocida como milflores, excepto en la zona norte como Almanza y Cebanico, que es de tipo arborícola y de tonalidad oscura. En cuanto a la miel milflores, predomina el néctar de las flores de pradera, del tipo amapola, cardo, zarza o diente de león. Últimamente se obtiene mucho néctar y polen de la flor del girasol, un cultivo que se ha multiplicado en los últimos años en el contorno.
 
 
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Como curiosidad podemos apuntar que cuando la colmena está fuerte, en plena producción, puede tener una población de abejas que oscina entre los 30.000 y los 50.000 individuos (incluyendo obreras y zánganos), si bien cuando están al final del parón invernal y siempre que la colmena siga viva, esa cifra puede rebajarse hasta las 5.000.
 
Trashumancia 
Son prácticamente 3.000 las colmenas trashumantes/estacionales que ‘pasan’ cada temporada por la Comarca de Sahagún, llevándose consigo una producción extraordinaria con su correspondiente beneficio pecuniario. En el mes de junio será cuando ‘aterricen’ cientos de colmenas en la zona provenientes del sur del país, tanto de Andalucía, como de Extremadura, Murcia o Levante.
 
[Img #17106]En sus lugares de origen, la primavera ‘explota’ mucho antes y por mayo o a principios de junio se hace la recogida de la primera cosecha de miel, una acción que en el argot apícola se conoce como ‘catar’ la miel. Entonces se montan las colmenas en los camiones, convenientemente selladas, y se emprende viaje hacia tierras del norte, a León. Algunas de estas colmenas trashumantes pueden llegar a recolectar hasta tres cosechas, subiendo más al norte hasta el regreso de nuevo a ‘casa’. 
El estrés de estos viajes siempre se cobra sus bajas, si bien los apicultores asumen sin mayores problemas el precio del transporte.
 
“Es un problema serio lo de las abejas trashumantes para las nuestras, porque en agosto hay más abejas foráneas que estantes y tienen que competir claramente por la alimentación. Pero encima resulta que las de fuera vienen muy fuertes, con la colmena plena de abejas; piensa que, por ejemplo en Huelva, en el mes de marzo ya están sacando miel con el eucalipto y cuando llega junio nuestras abejas apenas acaban de salir de la colmena”, comenta el secretario de la Asociación Leonesa de Apicultores –ALA-, José Antonio Panera, al mismo tiempo que reclama una regulación de la Administración más precisa de este tipo de apicultura con mayores restricciones que no perjudiquen a la ganadería local.
 
Resulta llamativo observar la práctica de la extracción de la miel en estos asentamientos trashumantes, que se ayudan de un camión grúa, una habitación estanco y bidones de 300 kilos para realizar una labor muy mecanizada en la recogida que se realiza a finales de agosto o principios de septiembre. Tras finalizar la extracción y pasados unos días para que las integrantes de las colmenas se asienten nuevamente en sus moradas, se suben nuevamente a los camiones y se emprende viaje de regreso al sur.
En el lado positivo de las abejas trashumantes está la labor de polinización, pues las grandes fincas de monocultivos del tipo girasol requieren de un par de semanas críticas del ‘servicio’ de polinización en la temporada de crecimiento. 
 
La varroa, la gran amenaza
De entre las distintas enfermedades que pueden afectar a las abejas, los apicultores tienen clara la referencia principal hacia la que centrar su lucha: la varroa, un ácaro que se instala entre las abejas, que van debilitando la colmena y que puede llegar a matar por completo la colonia si no se trata a tiempo y de forma conveniente, además del riesgo añadido de contagiarse enjambres enteros con el ácaro que lleva décadas enteras de tratamiento sin que se haya llegado a controlar y menos a erradicar.
 
 
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Aquí las asociaciones de apicultores tienen un papel fundamental, al informar puntualmente y formar a los ganaderos sobre las novedades en tratamientos efectivos contra esta plaga, pues el ácaro se va haciendo resistente a los tratamientos tradicionales. Otra amenaza que puede afectar el colmenar, más si éste no se encuentra en perfecto estado de fortaleza, es la polilla de la cera, que entra en la colonia, hace la puesta de huevos y tras la eclosión las larvas hacen un destrozo casi total de la colmena.
 
Por fortuna la avispa asiática (Vespa velutina) que ataca y se alimenta de abejas, aún no ha hecho presencia en León, a pesar de que en comunidades como Galicia, Asturias o Cantabria es ya un problema serio y preocupante. En territorios como Galicia se han retirado ya casi 30.000 nidos de este predador invasor de nuestras amigas las abejas.
 
Un poco de mito sí que existe sobre la incidencia de los tratamientos de los productos fitosanitarios sobre los cultivos, pues no parece probado plenamente que en León exista una causa directa de mortandad de abejas por estas malas praxis agrícolas. “No digo que no haya algo de daño por los productos que se echan en el campo, pero no es demasiado”, afirma el directivo de la Asociación ALA.
 
 
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Tampoco es significativo en la Comarca de Sahagún el daño que causa el oso ‘goloso’ en los colmenares, excepto en la zona de Almanza donde puntualmente sí que bajan, cada vez más a menudo, pero en la provincia de León (según la Asociación ALA), en 2017 se estima que fueron más de 1.000 las colmenas que sucumbieron por las garras del plantígrado. Hay que tener en cuenta que la sequía y las heladas dejaron muy mermados los frutos del bosque, las bayas, del que se alimenta tradicionalmente el oso, lo que ha motivado que se haya cebado en buscar alimento alternativo en la dulce miel que, como se sabe, les encanta a los amigos de ‘Yogui’.
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