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Firmas - La Pradera de Juanda
Juanda Rodríguez
Viernes, 4 de mayo de 2018
Alrededor de 400 ejemplares en la comarca de Sahagún

Avutardas: las reinas de la llanura

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La avutarda (Otis tarda) es un ave emblemática de las zonas esteparias como las de la Comarca de Sahagún, que pasó por momentos delicados cuando era cazada indiscriminadamente hasta 1980, cuando se prohibió esa práctica.  Actualmente goza de una buena protección, dado que está catalogada como de ‘Interés Especial’, incluida en 1990 en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas; es ‘Vulnerable’ por estar desde 2003 en el Libro Rojo de las Aves de España; y también está incluida en la ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) de Tierra de Campos, junto al aguilucho cenizo.
 
Vamos a empezar recordando que es el ave de mayor tamaño y posiblemente la más representativa de la llanura. Normalmente su peso se encuentra entre los cinco y los 18 kilos, aunque se han localizado machos con un peso de hasta 25 kilos, por lo que está considerada el ave voladora más pesada, de ahí su nombre tanto científico como vulgar, ave tarda. De hecho, en muchos pueblos de la comarca se la denomina ‘altarda’, suponemos que a fuerza de imponerse la economía del lenguaje. 
 
Los machos tienen colores gris azulado en la cabeza, blanco en el cuello y rojizo en el pecho y con bigoteras muy largas, por eso se les conoce también con el nombre de ‘barbones’. La hembra tiene los mismos colores que el macho pero de mucho menor tamaño que él y sin bigoteras. Sus patas tienen sólo tres dedos, les falta el dedo posterior que tienen otras aves.
 
Cabe destacar de esta especie animal el extraordinario comportamiento que los machos presentan en época de celo conociéndose como la ‘rueda’, que consiste en un engrosamiento gular, gracias a un saco que poseen en el cuello, caída de alas y extensión de la cola que le sirve de reclamo hacia las hembras. Anida en el suelo de los cultivos, poniendo la hembra entre dos y tres huevos en una pequeña depresión del terreno que incuban durante 28 días. La media de nacencia es de algo más de un pollo por puesta, pero la estadística demuestra que apenas llegan a la edad adulta uno de cada tres pollos que salen del cascarón.
 
La avutarda se alimenta principalmente de plantas, siendo las leguminosas sus preferidas. En primavera y verano incluyen insectos en su dieta, siendo para los pollos un alimento casi imprescindible para su supervivencia. Al ser un ave tan pesada prefiere correr o bien mimetizarse en el terreno gracias a su plumaje críptico, antes que echar a volar, pero cuando no les queda más remedio remontan el vuelo con gran lentitud.
 
 
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En la Comarca de Sahagún se han avistado bandos en prácticamente todos los municipios del partido judicial: El Burgo Ranero, Bercianos del Real Camino, Calzada del Coto, Almanza, Castrotierra de Valmadrigal, Cea, Cebanico, Escobar de Campos, Gordaliza del Pino, Grajal de Campos, Joarilla de las Matas, Sahagún, Santa Cristina de Valmadrigal, Santa María del Monte de Cea, Vallecillo, Villamartín de Don Sancho, Villamol, Villamoratiel de las Matas, Villaselán y Villazanzo de Valderaduey. Sólo en Almanza y Cebanico, el número de ejemplares se puede considerar anecdótico, aunque los naturalistas estiman que existe parte de hábitat estepario a pesar de que en la mayoría del territorio predomina el monte. En el resto de municipios, el ave encuentra un terreno idóneo donde alimentarse y reproducirse.
 
Los machos de avutardas o ‘barbones’ andan en este ecuador de la primavera como locos por aparearse con las hembras. Aves polígamas, nuestras imponentes avutardas componen toda una joya ibérica dignas de estudio y grabación por científicos, naturalistas y amantes de vida salvaje y la belleza en general.
 
Censos
Las aproximadamente 25.000 avutardas censadas en España suponen la mitad de toda la población mundial y el 80% de la europea. Según datos proporcionados por la sección de Medio Ambiente de la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León correspondientes al último censo ‘prenupcial’ realizado en marzo de 2008 (y último hasta ahora), se registraron 14.025 ejemplares en Castilla y León (5.637 machos, 7.760 hembras y 628 indeterminados), de los que 1.225 correspondían a la provincia de León, el 8,7% regional (561 machos, 626 hembras y 37 indeterminados). De esas 1.225 avutardas ‘leonesas’, la gran parte corresponden a las comarcas de Los Oteros y zona de Valderas, quedando otro tercio aproximadamente, en torno a las 400, al sureste-Comarca de Sahagún.
 
Hay que tener en cuenta que el primer censo de avutardas realizado en Castilla y León se llevó a cabo en la primavera de 1998, obteniéndose un total de 11.000 ejemplares, de las que apenas 1.000 correspondían a la provincia de León. Si en la década 1998-2008 el número de avutardas aumentó en la provincia de León en algo más de 200 ejemplares (+23%), sin embargo la tendencia en esta última década hasta el actual 2018 no apunta precisamente al optimismo, con lo que se estima que no sólo estemos hablando de un crecimiento menor de ejemplares, sino que quizá se esté inclinando la balanza hacia el decrecimiento. Son muchos los enemigos que amenazan a los ‘barbones’ y sus ‘harenes’.
 
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Del censo autonómico realizado en 2008, Zamora ocupó el primer puesto del grueso de la población reproductora de avutardas con 4.853, seguido de Valladolid con 3.881 y de Palencia con 2.179, quedando León en una meritoria cuarta posición. En la parte contraria, Burgos y Segovia no registra cantidades importantes de avutarda, mientras que Soria se queda a cero en los dos últimos censos realizados.
 
Del mismo informe realizado en 2008 facilitado por la Junta de Castilla y León se desprende que entre los ríos Cea y Valderaduey, el número de avutardas aumentó en la década 1998-2008 en un significativo 40%, lo que podría estar relacionado con un marcado incremento en el cultivo de leguminosas en ese periodo. El informe destaca otras áreas de interés como la que se localiza entre Valverde-Enrique y el río Cea, con algo más de 200 aves. Aunque con un menor número de ejemplares, se menciona asimismo la zona situada al norte de El Burgo Ranero, la zona de Payuelos, donde existe un núcleo de 70 avutardas, que son las más septentrionales de la provincia de León y que se encuentran relativamente aisladas en este amplio territorio despoblado, pero a su vez cultivado con una amplia variedad de cereales.
 
La razón de sexos ha variado sustancialmente en estos años en la provincia, pasando de 1,42 hembras por macho en el censo de 1998 a 1,12 en 2008. La disminución que se aprecia en el número de hembras corresponde a los polígonos más periféricos del censo. Sin embargo, hay que mencionar que esta tendencia no es uniforme, ya que el área de mayor densidad, y en la que se ha constatado un aumento próximo al 70%, muestra una proporción de sexos de 1,02 hembras por macho, muy similar a las 0,98 registradas en 1998. Por otra parte, estos valores se alejan bastante de la razón de sexos que cabría esperar en una especie poliginia, como es la avutarda, en la que un macho dispone de varias hembras.
 
El Plan de la Avutarda 
Una de las circunstancias que ha influido notablemente en que la especie haya repuntado al alza en número de ejemplares en la comarca, amén de la prohibición de su caza, ha sido sin duda la eficacia del plan agrícola específico de Estepas Cerealistas, más conocido popularmente como el ‘Plan de la Avutarda’. 
 
Desde 1989 está en vigor este plan de recuperación al ser obligatorio para la comunidad de Castilla y León por tener especies consideradas en peligro de extinción, con sus respectivos planes de conservación. Los fondos que han dotado estas ayudas han llegado de la Unión Europea. Fueron muchos los agricultores de la zona que se acogieron a estos programas porque compensaba económicamente, ya que hay que tener en cuenta que una parte importante de la superficie de la explotación había que dejarla de barbecho, lo que aminoraba gastos de producción y se obtenía un beneficio vía ayudas. Este programa se ha focalizado en gran medida en la conservación de la avutarda en Tierra de Campos, dividido en dos áreas según la densidad de avutardas.
 
El programa incluía cuatro tipos diferentes de contratos con distintos compromisos y primas. Dos de ellos (los contratos 1 y 2) eran aplicables en todo el área y estaban enfocados hacia la conservación del hábitat mediante prácticas agrarias adecuadas, con varios requisitos a cumplir sobre los cultivos que se sembraban y condiciones al uso de agroquímicos y las labores a realizar, siendo más restrictivo el 1 que el 2. Por su parte, los contratos 3 y 4 se aplicaron sólo en el área de Villafáfila (Zamora). Entre algunos de los requisitos que se tenían que cumplir para desarrollar los citados contratos destacan:
 
-Superficie mínima de barbecho del 24% al 34%
-Se reservará el 10% de la superficie cultivada para leguminosas anuales (alfalfa)
-Se reservará un 1% de la superficie de la explotación para bosquetes o linderas de vegetación natural que sirvan de refugio para la fauna
-Se limitan las cantidades de fertilizantes químicos (40UF N, 20UF P2O5, y 30UF K2O)
-El aporte de estiércol no podrá superar las 40 T/ha y el de purines los 40 m3/ha, y ambos no podrán coincidir sobre la misma superficie
-Los herbicidas utilizados deberán ser tipo AAA
-No se podrán recolectar antes del 15 de julio, y en todo caso, no podrá hacerse por la noche
-La paja del cereal en la totalidad de la superficie de secano deberá ser triturada y esparcida mecánicamente para su incorporación al rastrojo anual
-El rastrojo anual sólo podrá ser alzado a partir del uno de febrero, y en ningún caso el rastrojo ni el barbecho podrán ser quemados
-No se podrán utilizar semillas tratadas con productos tóxicos para la fauna
 
Este programa se aplicó en dos períodos de programación, entre 1993 y 1997, y entre 1997 y 2001. Actualmente se mantienen ciertos compromisos adquiridos con los contratos de retirada de tierras, pero el programa como tal ha sido sustituido por las nuevas medidas agroambientales de la PAC muy similares al viejo plan. 
 
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El corro de Matallana: único en Europa
Si en la Tierra de Campos zamorana, más concretamente en la Reserva de Villafáfila, se alcanzan las mayores densidades de avutardas del mundo para superficies relativamente amplias, con más de 2.000 individuos en poco más de 300 kilómetros cuadrados de superficie, tampoco es menos relevante que en Matallana de Valmadrigal, del Ayuntamiento leonés de Santa Cristina, se encuentra el ‘corro’ de apareamiento más importante de Europa, justo en un altiplano cercano a la ermita de San Cristóbal, cerca del límite del término de Matadeón de los Oteros. 
Se trata de un área caracterizado por una elevada parcelación del terreno y un mosaico paisajístico muy diverso, donde se concentran el 30% de las avutardas de la provincia de León y que alcanza una densidad también muy elevada, de 7,3 individuos por kilómetro cuadrado. 
 
 
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Además, hay que resaltar la relevancia de esta zona por la ubicación de un lek con 142 machos, uno de los mayores de Castilla y León. Y es que a estos ‘corros’ se les conoce técnicamente como ‘lek’ o arena, ruedo o lugar de combate, donde un grupo de machos compiten por aparearse con las hembras y donde cada uno defiende un pequeño territorio en el que intenta desplazar o predominar sobre sus vecinos con diferentes tipos de exhibiciones.
 
 
Cacerías de antaño 
No está de más echar la vista atrás para recordar que la caza de la avutarda estuvo autorizada hasta 1980. La especie sufrió una enorme disminución poblacional entre 1960 y 1980 superior al 30%, motivado principalmente por su caza a ojeo, poco o nada selectiva.
 
Los viejos cazadores del siglo pasado las disparaban porque, hay que decirlo, hacían un buen plato en la mesa y eso que las viejas estaban “duras como cantos”, según recuerdan aún los veteranos cazadores. Las prácticas cinegéticas de antaño se basaban en acercarse al bando de avutardas con borricos o caballerías, con la escopeta guardada, porque las aves se confiaban de las caballerías agrícolas. Si la ‘altarda’ ve acercarse a un humano a pie, en tractor o en coche, levanta el vuelo ‘a la mínima’. El rececho se solía hacer igualmente desde un carro donde el cazador solía ir tapado con una manta que le permitía acercarse a tiro hasta las esquivas aves.
 
 
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La modalidad más utilizada y efectiva para cazar avutardas fue el ojeo hacia puestos fijos donde los cazadores apostados las disparaban con postas, ahora prohibidas.
Otra modalidad, menos utilizada, era el acercamiento rápido al bando en motocicletas, ya que se partía campo a través, a toda velocidad, desde puntos equidistantes al bando; la lentitud de despegue de la avutarda permitía acercarse lo suficiente para dispararlas con posibilidad de éxito. Se las llegó a cazar en España hasta persiguiéndolas en vuelo con avioneta, disparando desde la aeronave o acosándolas hasta reventar. Hay un librito titulado ‘La caza de avutardas con avión’ editado en Madrid en 1922, donde se relata esta modalidad tan repudiable y poco deportiva de caza. La edición de sellos alusivos de cinco pesetas en el cincuentenario de la aviación también da cuenta de esta práctica ‘antideportiva’.
 
La avutarda llegó a ser el emblema de la lucha del incipiente ecologismo durante la década de los 70, pero el interés social mermó cuando apareció su veda publicada en el BOE. Alguien pensó que al prohibirse la caza de la avutarda ya está salvada la especie. Pero de eso nada.
 
Los enemigos 
La mecanización brutal de la agricultura, el uso masivo de fertilizantes y pesticidas, junto con la proliferación de los tendidos eléctricos y las catenarias ferroviarias contra los que chocan, son los enemigos actuales de las avutardas. Puede resultar paradójico que sean los agricultores los que facilitan el alimento a las ‘esteparias’ a cambio de beneficios y al mismo tiempo sean también quienes les resten hábitat y proporcionen el ‘veneno’ que las diezma. 
 
El criminal laboreo del campo elimina linderos, hace desaparecer la necesaria vegetación de tierras de baldío, pero sobre todo se utilizan agentes químicos que ponen en peligro la excelente recuperación de la avutarda lograda desde que se prohibiera su caza.
 
Por otro lado, el principal problema para los pollos de avutarda es sin duda las cosechadoras y empacadoras, pues estos polluelos no logran levantar vuelo hasta que no adquieren prácticamente la condición de adultos. En segundo lugar en el ranking de las amenazas de los ‘jovenzuelos’ es la escasez de saltamontes tan necesarios en la dieta inicial del ave que, muchas veces, si los hay sólo se encuentran en las cunetas de las peligrosas carreteras.
 
Otro de los riesgos para la especie es que en primavera, cuando están anidando las hembras, se descubra el nido de forma accidental, nidada que fácilmente pueden aborrecer (abandonar) de inmediato. Por eso no es aconsejable en abril y mayo realizar paseos por el campo fuera de los límites de los caminos de concentración. Y qué decir tiene que en el caso de sorprender a algún pollo en esos paseos, lo mejor es no tocarlos con la mano ni siquiera para hacer una foto, evitando así el rechazo de la madre al olor que dejaremos impregnado en la criatura.
 
En su favor habría que decir que la mejor defensa del pollo es el mimetismo en el terreno, al menos para con el hombre, porque contra el agudo olfato del zorro poco puede hacer el joven avutardín.
 
¿Furtivismo?
No pecaremos de incautos para afirmar que ahora mismo existen furtivos de avutardas, al igual que los hay de lobos, jabalíes, corzos, cabra montesa o liebres. Guardería, naturalistas y particulares coinciden en algunos foros de Internet en asegurar que aún se matan hoy en día trofeos de avutarda (que se pagan en el mercado negro), a pesar de las fuertes sanciones administrativas y penales que pueden llegar a imponerse a quienes sean sorprendidos cometiendo este delito ambiental. De hecho, en algunos lugares de observación se han encontrado casquillos de rifles del calibre 22 y del 270. Lamentablemente, en los terrenos relativamente llanos de nuestro terruño los bandos de avutardas son visibles a gran distancia casi sin necesidad de prismáticos. Contra los furtivos sólo cabe un camino: avisar a la autoridad para que sean pillados ‘con las manos en la masa’.
 
 
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Algunos sectores de cazadores podíamos llamar ‘radicales’ reclaman la caza selectiva de avutardas justificando que existen demasiados ejemplares que llegan a producir daños en la agricultura como alfalfas o vezas, al igual que en su día pacían las tierras que se sembraban de lentejas o algarrobas. Por muchas avutardas que haya a nadie se le pasa por la cabeza que se las pueda volver a cazar, igual que nadie admite que pudiera levantarse la veda, por ejemplo, de los osos pardos en la Cordillera Cantábrica.
 
Caza fotográfica 
Las avutardas hay que verlas como un elemento turístico de primer orden para la comarca de Sahagún. Las delicadas aves esteparias pueden servir de atractivo muy a tener en cuenta para reclamar a los muchos amantes de la naturaleza: científicos, naturalistas, fotógrafos, observadores... Se dice y se volverá a repetir que la demanda turística ambiental va en aumento, ya está creciendo ahora mismo. 
 
Dentro de la extensa gama de amantes de lo natural hay e incluso quien colecciona plumas de aves distintas. En ese sentido nuestra zona es un verdadero santuario para pasear por caminos y campos recogiendo plumas, que en el caso de las avutardas pierden los barbones en las duras peleas en las que se ven implicados para establecer la jerarquía del terreno y de las hembras. Se dice que con estas plumas se fabrican unas fenomenales moscas artificiales para la pesca.
 
Eso sí, si se deciden a observar avutardas, háganlo manteniendo una distancia prudencial para no inquietarlas demasiado, para no molestar y si es en la época del celo, mejor no interferir en sus ‘amoríos’. Las avutardas cuando están en bandada no se dejan acercar a la zona llana donde se suelen colocar estratégicamente. No las verás nunca asomadas a un risco o a una ladera, porque saben dónde se las puede sorprender con facilidad por sus predadores habituales como el hombre, su peor enemigo. Están muy escamadas por el todoterreno. Lo llevan en el ADN, por instinto.
 
En todo caso, lo recomendable es usar siempre unos buenos prismáticos. Las avutardas son de una belleza incomparable en el mar verde de este sureste leonés durante la primavera. Aprovechemos este gran privilegio.
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