Redacción Redacción
Lunes, 19 de Enero de 2026
Los datos confirman una tendencia general a la baja

Castilla y León inicia un nuevo censo de aves acuáticas invernantes para evaluar su estado de conservación

En 2025 se contabilizaron 72.801 ejemplares pertenecientes a 52 especies

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La Junta de Castilla y León desarrolla durante estos días una nueva edición del censo anual de aves acuáticas invernantes, una herramienta clave para conocer la evolución de estas poblaciones y el valor ecológico de las zonas húmedas de la comunidad. El trabajo de campo se lleva a cabo entre el 9 y el 21 de enero, con especial intensidad los días 17, 18 y 19.
 
Este seguimiento se enmarca en el Censo Internacional de Aves Acuáticas (IWC), coordinado por la organización Wetlands International desde 1967 y realizado cada mes de enero en humedales de todo el mundo, coincidiendo con el periodo de máxima concentración invernal de muchas especies.
 
En Castilla y León, el censo está coordinado por la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio y forma parte del Plan de Monitorización del Estado de Conservación de la Biodiversidad. En la edición de 2025 participaron más de 275 personas —agentes medioambientales, celadores y técnicos— con el apoyo de la Fundación del Patrimonio Natural.
 
El último censo completo, realizado en enero de 2025, contabilizó 72.801 aves acuáticas pertenecientes a 52 especies en un total de 452 localidades. Aunque la cifra supuso un descenso del 6,3 % respecto a 2024, se situó casi un 10 % por encima de la media de los últimos doce años. Las especies más abundantes fueron el ánade azulón, la grulla común, la avefría europea, la cerceta común y el pato cuchara, que concentraron más del 70 % de los ejemplares detectados.
 
Por provincias, casi la mitad de las aves se concentraron en grandes humedales como las lagunas de Villafáfila (Zamora), el azud de Riolobos (Salamanca) o las lagunas de La Nava, Boada y Pedraza, en Tierra de Campos (Palencia). En León, la balsa de Santa Cristina reunió 1.191 ejemplares durante el censo.
 
Los datos confirman una tendencia general a la baja en la población invernante desde 2011, especialmente marcada en especies como el ánsar común, que ha pasado de más de 65.000 ejemplares en 2006 a apenas 1.854 en 2025. Este descenso se atribuye, en gran medida, a cambios en las rutas migratorias y a la invernada más al norte de Europa, favorecida por inviernos más suaves. También se ha registrado una fuerte reducción del porrón europeo.
 
Frente a ello, algunas especies muestran una evolución positiva, como el tarro blanco o la garceta grande, cuyos efectivos invernantes han aumentado de forma notable en la última década.
 
Más allá del recuento de aves, estos censos permiten evaluar el estado de los humedales, ecosistemas especialmente frágiles y de alto valor ambiental, y sirven para cumplir los compromisos internacionales en materia de conservación de la biodiversidad. Los datos obtenidos alimentan, además, el Inventario Español del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y respaldan la aplicación de normativas europeas y acuerdos internacionales sobre aves migratorias.
 
El seguimiento de las aves acuáticas se integra en un programa regional más amplio que abarca más de 300 especies de fauna protegida y que en 2026 continuará con el control de aves forestales, esteparias y rapaces, además de mamíferos y peces amenazados, como el oso pardo o el lobo ibérico.
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