Redacción Redacción
Lunes, 19 de Enero de 2026
Fiesta de gran interés etnográfico

Las Grañeras rima con San Antón

El pueblo celebra a su protector echándole refranes y ofrendas en forma de roscas dulces

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El pueblo de Las Grañeras festejó este fin de semana a San Antón, manteniendo viva una de las tradiciones más arraigadas del calendario popular. El acto central de devoción tuvo lugar el sábado 17 de enero, cuando, a pesar de la lluvia persistente y del frío propio de estas fechas, el pueblo respondió con una de las celebraciones más concurridas y animadas que se recuerdan en los últimos años.
 
 
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La jornada comenzó, como manda la tradición, con la procesión y la misa en honor a San Antón, seguida de la bendición de los animales. Perros, gatos y alguna que otra mascota menos habitual ocuparon el soportal de la iglesia, confirmando que, aunque los tiempos hayan cambiado, la relación simbólica entre el santo y los animales sigue muy presente en la vida del pueblo.
 
 
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Tras la bendición llegó uno de los momentos más esperados: el de echar los refranes. Este año fueron numerosos y variados, pronunciados por gente de todas las edades —niños, niñas, mozas y paisanos— y con el tono desenfadado que caracteriza a esta tradición. No faltaron las peticiones al santo, las rimas ingeniosas ni los guiños a la política local, en un ejercicio de crítica popular que combina humor, ironía y memoria colectiva.
 
 
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Entre quienes tomaron la palabra estuvo, un año más, Leonís Mencía, con un pie ya en los 94 años, siempre fiel a San Antón y a unos refranes que siguen marcando el pulso de la celebración. Su presencia volvió a simbolizar la continuidad de una costumbre que se transmite de generación en generación y que mantiene intacto su sentido.
 
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La fiesta concluyó con la subasta del ramo de roscas, el acto que pone fin a la celebración de San Antón en Las Grañeras. Se trata de las conocidas como roscas ciegas, elaboradas en Gordaliza del Pino, que se colocan en un bastidor decorado, se encomiendan previamente al santo y, finalmente, se venden entre los asistentes.
 
 
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San Antón no es solo un santo protector de los animales. En pueblos como Las Grañeras sigue siendo un punto de encuentro, una excusa para reunirse, reírse, pedir, criticar y reconocerse como comunidad. Incluso bajo la lluvia y el frío, el 17 de enero conserva ese eco especial que conecta el presente con una forma de vida en la que los animales, la palabra y el rito compartido ocupaban —y aún ocupan— un lugar central.
 
 
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San Antón, San Antonio Abad, fue un eremita egipcio que vivió entre los siglos III y IV y cuya figura quedó pronto vinculada al cuidado de los animales y a la vida austera del campo. Con el paso del tiempo, su devoción se extendió por toda Europa y arraigó con fuerza en el medio rural, donde su festividad se convirtió en una cita marcada por la bendición de los animales, los rituales populares y la transmisión oral de costumbres que, como ocurrió este fin de semana en Las Grañeras, siguen vivas generación tras generación.
 
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