Juan Conde Guzón
Viernes, 06 de Febrero de 2026

Revolver la mierda

Sí, como suena, ahora a revolver la mierda se le llama “valorizar los residuos”. Así reza en el título del proyecto de la planta para la producción de biometano, en el término municipal de Melgar de Abajo, objeto de información pública en fechas recientes en el procedimiento de autorización ambiental tramitado por la Dirección General de Infraestructuras y Sostenibilidad Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Castilla y León. 
 
Y es que sigue en pleno auge localizar en el medio rural, por si no hubiera sido ya objeto de suficiente vandalización, bien los despojos que genera la ciudad, o bien las actividades más molestas y nocivas, no vaya a ser que al político de moqueta le lleguen malos olores o humos indeseables e insalubres.
 
Sabido es que la falta de planificación estratégica del territorio en esta comunidad autónoma se sigue saldado con un absoluto 'desequilibro' entre la ciudad y el medio rural, no solo en cuanto a la desigual distribución de equipamientos, de servicios y de infraestructuras, sino también a consecuencia del modelo de distribución de actividades que sitúa a los pueblos al borde del exterminio, propiciando desde el poder político y, por inducción de éste, desde el sector empresarial, la localización en el suelo rústico rural de actividades industriales estercolero, al socaire de la creación de unos pocos puestos de trabajo que, con frecuencia, tienden a cero o a ninguno  que genere oportunidades  de sedentarización y de involución del drama demográfico. 
 
Contrasta esta perversión histórica  con la poesía territorial y grandilocuencia de los discursos, incluso con las declaraciones de principios de textos normativos como los de la Ley de aprobación de las Directrices Esenciales de Ordenación del Territorio de Castilla y León,  en la que se proclama la decidida intención de desarrollar en esta Comunidad un sistema urbano policéntrico, con refuerzo de la colaboración entre los espacios urbanos y rurales, indicando, también, la exigencia de diversificación de actividades en los espacios rurales en función de sus potencialidades: ocio, turismo, agroindustria, artesanía, etc. Bonito, ¿verdad?
 
Siendo obvio que dichos principios no han orientado, que se sepa, ninguna política territorial o sectorial, muy al contrario, actividades como la planta para la producción de biometano, proyectada en el término municipal de Melgar de Abajo, pese a su carácter netamente industrial, de gran impacto ambiental y de manifiesta incompatibilidad con los valores de cualquiera de las categorías  de suelo rústico, nunca se proyectan en polígonos industriales, urbanos o periurbanos, como los promocionados por el propio gobierno de la Comunidad a través de Somacyl; sociedad que en la actualidad, según su propia divulgación promocional, cuenta con trece enclaves industriales en desarrollo que suman más de trece millones de metros cuadrados de superficie. ¡Qué mejor emplazamiento que un enclave industrial en desarrollo de esta sociedad pública para albergar estas plantas que tantos beneficios auguran para la humanidad!
 
Pero no, esto va a seguir siendo como el ‘principio madre’ de las ciencias hidráulicas: el agua siempre corre para abajo y la mierda para los mismos.  
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