Del Miércoles, 28 de Enero de 2026 al Martes, 10 de Febrero de 2026
José Antonio Campillo Gayo
Viernes, 06 de Febrero de 2026
Creación literaria
La llamada de la campana
"Para todos, la vida continúa inexorable al ritmo que señala el agro de secano..."
Naces en un lugar de la meseta castellana,
en una fría mañana a la luz de la candela
donde la campana saluda a la alborada,
lo mismo que al mediodía y en los atardeceres,
también con cierta frecuencia en ocasiones;
alzada por manos adiestradas
cuando un sutil badajo percute en lo más alto.
Para todos, la vida continúa inexorable
al ritmo que señala el agro de secano,
además, el cereal ni se extingue ni detiene,
enraíza y crece, - algo de milagro tiene-
marcando nuestras vidas y destino,
al apartar del sembrado entrometidos cardos
y, espinos malheridos que, vagan incontrolados
entre olas de espesas masas verdes,
al despuntar sus tiernos y frondosos tallos.
La cebada se destapa con la espiga ya formada,
inclinando las espaldas -léase el torso-
a un cierzo dialogante, desatado y engolfado;
el trigo hace lo propio desde tiempos remotos,
cambia su verde atuendo por el amarillo limonero,
al presentir su adiós a la penosa despedida,
conforme va madurando al sol que calienta y tonifica.
Como canta el cuco en pleno estío -voz de yunque-
a la vera de una hembra y a la sombra de la olma,
entre cauces semisecos y, caminos polvorientos
con trajines de hormigas alineadas,
así suenan las campanas de esta Iglesia singular,
invitando al feligrés a la Misa parroquial,
con sus tres certeras y sonadas campanadas,
tres llamadas a la voz de la conciencia, para asistir
a la liturgia Eucarística domingos y festivos,
dando un sí el pueblo, a la fe, fervor y devoción.
José Antonio Campillo Gayo, desde Grajal de Campos
Naces en un lugar de la meseta castellana,
en una fría mañana a la luz de la candela
donde la campana saluda a la alborada,
lo mismo que al mediodía y en los atardeceres,
también con cierta frecuencia en ocasiones;
alzada por manos adiestradas
cuando un sutil badajo percute en lo más alto.
Para todos, la vida continúa inexorable
al ritmo que señala el agro de secano,
además, el cereal ni se extingue ni detiene,
enraíza y crece, - algo de milagro tiene-
marcando nuestras vidas y destino,
al apartar del sembrado entrometidos cardos
y, espinos malheridos que, vagan incontrolados
entre olas de espesas masas verdes,
al despuntar sus tiernos y frondosos tallos.
La cebada se destapa con la espiga ya formada,
inclinando las espaldas -léase el torso-
a un cierzo dialogante, desatado y engolfado;
el trigo hace lo propio desde tiempos remotos,
cambia su verde atuendo por el amarillo limonero,
al presentir su adiós a la penosa despedida,
conforme va madurando al sol que calienta y tonifica.
Como canta el cuco en pleno estío -voz de yunque-
a la vera de una hembra y a la sombra de la olma,
entre cauces semisecos y, caminos polvorientos
con trajines de hormigas alineadas,
así suenan las campanas de esta Iglesia singular,
invitando al feligrés a la Misa parroquial,
con sus tres certeras y sonadas campanadas,
tres llamadas a la voz de la conciencia, para asistir
a la liturgia Eucarística domingos y festivos,
dando un sí el pueblo, a la fe, fervor y devoción.
José Antonio Campillo Gayo, desde Grajal de Campos







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