Redacción Redacción
Lunes, 20 de Julio de 2026
Urraca I y su relación con la villa centraron la 24 edición del festival

Sahagún despide un Encuentro de Juglares que convirtió la historia en una defensa de la cultura

El pregón de Crispín d'Olot y tres jornadas de recreación medieval reivindicaron la tradición oral como patrimonio vivo

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La historia volvió a servir este fin de semana para explicar el presente. El XXIV Encuentro de Juglares cerró este domingo tres intensas jornadas en las que Sahagún transformó uno de los episodios más singulares de su pasado -en el siglo XII se creó en la villa una escuela de profesionales del entretenimiento- en una reflexión sobre el valor de la palabra, la memoria compartida y el papel de la cultura como seña de identidad de los pueblos.
 
 
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La relación de la reina Urraca I de León con la villa y su controvertida relación con el gremio de artistas de Sahagún fue el hilo conductor de una edición que encontró en el pregón inaugural del investigador y escritor Crispín d'Olot su mejor interpretación. Más que recordar un hecho medieval, el pregonero propuso entender aquel destierro como un símbolo universal: la permanente tensión entre quienes conservan el conocimiento a través de la voz y quienes, desde cualquier forma de poder, intentan fijar, controlar o silenciar el relato.
 
 
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Durante un recorrido que atravesó siglos de historia, Crispín reivindicó la tradición oral como el verdadero origen de la literatura y recordó que la inmensa mayoría de los grandes relatos de la humanidad nacieron mucho antes de ser escritos. Homero, los textos bíblicos, Las mil y una noches o los romances populares fueron durante generaciones patrimonio exclusivo de la memoria y de quienes supieron transmitirlos de boca en boca.
 
 
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En ese contexto situó a los juglares como auténticos guardianes de la memoria colectiva. Hombres y mujeres que conservaron historias, leyendas, canciones y gestas cuando todavía la escritura era un privilegio reservado a unos pocos y cuya misión consistía, precisamente, en impedir que los pueblos olvidaran quiénes eran.
 
 
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A partir de ahí, el pregonero convirtió la expulsión de 1116 en una metáfora de todos los intentos históricos por marginar la creación libre. Desde los primeros juglares medievales hasta los narradores contemporáneos, defendió que la palabra siempre termina sobreviviendo a quienes intentan expulsarla, porque encuentra nuevos caminos para seguir viva. "La voz no se puede expulsar porque la voz es viento, y el viento no tiene puertas que lo detengan", proclamó el juglar de juglares.
 
 
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El patrimonio volvió a convertirse en escenario
Junto a esa reflexión de fondo, el Encuentro de Juglares devolvió durante tres días el pulso medieval al casco histórico de Sahagún. Las calles y plazas de la villa acogieron un intenso programa de representaciones teatrales, música, animación, mercado, talleres y propuestas familiares que hicieron del patrimonio el gran escenario de la celebración.
 
 
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Lejos de funcionar como un simple decorado, enclaves como el entorno del monasterio de San Benito, los templos mudéjares, las plazas y los rincones del casco histórico volvieron a integrarse en el desarrollo de las actividades, aportando autenticidad a unas escenas que encontraron en la propia arquitectura medieval el mejor marco posible.
 
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