Miércoles, 21 de Octubre de 2026

Un siglo de vida

Fredesvinda Castaño cumple 100 años y se convierte en memoria viva de Grajalejo

El Ayuntamiento de Villamoratiel de las Matas se desplazó hasta León para homenajear a la centenaria, natural de su pedanía

Redacción Redacción Miércoles, 21 de Octubre de 2026

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Fredesvinda Castaño Cañón cumplió este lunes 100 años y lo hizo rodeada de familiares y amigos, pero también con el recuerdo muy presente de Grajalejo de las Matas, el pueblo en el que nació y al que ha permanecido vinculada durante toda su vida. Con motivo de este aniversario tan especial, una representación del Ayuntamiento de Villamoratiel de las Matas, encabezada por su alcalde, Jesús Santamarta, se desplazó hasta León para felicitarla y hacerle entrega de una placa conmemorativa.
 
Nacida el 19 de octubre de 1926, la señora Fredesvinda fue la tercera de cuatro hermanos y pertenece a una generación cuya vida estuvo profundamente ligada al campo y a una forma de entender el mundo rural que ha cambiado por completo en apenas unas décadas. Desde niña conoció el trabajo agrícola y los ritmos de una vida marcada por las labores del campo, la tracción animal y la dependencia de las cosechas.
 
Su historia es también la de muchas mujeres de los pueblos de Tierra de Campos y de la comarca de Sahagún que sacaron adelante sus familias en tiempos en los que el trabajo comenzaba mucho antes de que amaneciera y terminaba cuando lo permitían las tareas del día. Una generación que conoció de cerca las dificultades, pero también la vida comunitaria y los fuertes vínculos con el lugar de origen.
 
 
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Por eso, el homenaje tuvo también un significado especial para Grajalejo. Aunque actualmente reside en León, Fredesvinda Castaño continúa siendo una figura estrechamente vinculada a su pueblo, donde conserva sus recuerdos y buena parte de una memoria que pertenece también a quienes vivieron aquella misma época.
 
La celebración reunió a familiares y amigos en torno a la centenaria, que recibió la placa de reconocimiento del Ayuntamiento y compartió con los presentes una jornada de recuerdos y afecto. Hubo flores, dulces y la tradicional cuelga, además de las velas que Fredesvinda sopló con ayuda antes de agradecer el homenaje y recordar, de manera especial, a su querido Cristo del Amparo.
 
Un siglo después de su nacimiento, su historia permite mirar atrás y reconocer en una sola persona parte de la memoria de Grajalejo: la de una generación que vivió el campo de otra manera y que contribuyó, con su trabajo cotidiano, a mantener vivos los pueblos de esta tierra.
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