Día Martes, 27 de Octubre de 2026
Hace ocho siglos, los pueblos que hoy forman parte del paisaje cotidiano de la comarca de Sahagún ya estaban escritos sobre pergamino. No siempre de la forma en que los conocemos ahora, ni siquiera de una única manera. Los documentos conservados del monasterio de Sahagún muestran un territorio lleno de nombres, variantes y formas de escritura que permiten seguir la huella de sus localidades a lo largo de los siglos.
Es una de las aportaciones más llamativas del estudio de la filóloga Clara E. Prieto Entrialgo, publicado en la revista científica Scriptum Digital. La investigación analiza 329 formas toponímicas extraídas de 28 documentos originales redactados entre 1211 y 1250 en Sahagún y su entorno.
El resultado es una especie de mapa escrito del territorio medieval. Entre los nombres que aparecen en los documentos se encuentran localidades que todavía hoy pueden reconocerse, aunque en algunos casos hayan experimentado una notable transformación.
Así, Valdavida aparece como Ualdauida; Villapeceñil, como Uilla pecenj<n>; y Codornillos, como cornudiellos. La propia autora utiliza estos ejemplos para mostrar cómo la comparación entre los nombres medievales y los actuales permite observar la evolución experimentada por la toponimia durante siglos.
También aparecen Grajal de Campos, Bercianos, Villazanzo de Valderaduey, escrito Uilla zand, y otros nombres del entorno que permiten reconstruir un territorio medieval mucho más amplio que el estrictamente ligado a la villa de Sahagún.
Un Sahagún escrito de 22 maneras
El caso más espectacular es, precisamente, el de Sahagún. El nombre de la villa aparece 43 veces en los documentos estudiados y esas menciones adoptan 22 formas gráficas diferentes.
Entre ellas figuran formas como San Fagund, Sant Fagund, Sandfagund, Sanfagund o sant ffagunt, junto a otras representaciones más próximas a las fórmulas latinas utilizadas por los escribanos.
No se trata simplemente de que los escribanos escribieran mal. En el siglo XIII la escritura no disponía de una ortografía fija como la actual y los documentos muestran la convivencia de distintas tradiciones gráficas. Algunas diferencias son puramente escriturarias; otras podrían reflejar diferencias en la pronunciación, aunque la autora advierte de que no siempre es posible determinarlo con seguridad.
De hecho, Sahagún es un caso excepcional dentro del estudio: ningún otro topónimo alcanza semejante combinación de frecuencia y variedad. Castilla, por ejemplo, presenta cinco formas para 17 menciones; Carrión de los Condes, seis para ocho apariciones; y León, siete para quince.
Un territorio donde se encuentran dos tradiciones lingüísticas
Detrás de esas letras diferentes hay algo más que una cuestión de caligrafía medieval. Los documentos ofrecen indicios de la convivencia de soluciones propias del ámbito asturleonés y castellano en este territorio.
La autora sitúa precisamente la zona de Sahagún en un espacio de contacto entre ambos dominios y señala fenómenos que tienen interés para la historia dialectal. Algunas variantes podrían responder a diferentes formas de pronunciación, mientras que otras son claramente consecuencia de las convenciones utilizadas por los escribanos.
Uno de los rasgos más llamativos aparece incluso en nombres que todavía forman parte del paisaje leonés. La investigación recuerda que la desaparición de la f- inicial latina es un fenómeno patrimonial que puede observarse en topónimos actuales como Sahagún, Herrera, Sahelices o Villalcón. Sin embargo, los documentos medievales mantienen sistemáticamente esa f- en formas como san fagun, san felizes o ujlla falco<n>.
Es decir: el nombre que hoy conocemos como Sahagún conserva en su propia historia escrita la huella de una evolución lingüística de siglos.
Nombres que cambian, lugares que permanecen
El estudio no pretende reconstruir un mapa perfecto de la comarca actual. Algunos de los microtopónimos que aparecen en los pergaminos no pueden identificarse con seguridad y en otros casos la autora solo propone una localización probable. Pero precisamente ahí reside parte del interés de la investigación: los documentos conservan nombres de lugares que, en algunos casos, han cambiado de forma y, en otros, han desaparecido.
La documentación recoge un total de 112 referentes geográficos, en su mayoría villas, aldeas y parajes de Tierra de Campos en sentido amplio, aunque también aparecen lugares de otras zonas.
Más de la mitad de esos lugares solo aparecen una vez, pero otros permiten seguir con mayor detalle la evolución de sus nombres. La investigación compara, entre otros casos, nogar con Nogal de las Huertas, uilla pecenj<n> con Villapeceñil y cornudiellos con Codornillos.
Son pequeñas pistas escritas hace ocho siglos que permiten comprobar que el paisaje que hoy vemos alrededor de Sahagún tiene una historia mucho más antigua que sus actuales nombres. Y quizá esa sea una de las conclusiones más interesantes del trabajo: los mapas cambian, las grafías cambian y las lenguas cambian, pero muchos de los lugares que daban nombre a este territorio siguen formando parte de él.
El estudio se puede descargar bajo estas líneas







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