Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Domingo, 18 de Enero de 2026
Luis Angel Díez Lazo
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SERVICIOS PÚBLICOS
Algo se quema
Sin León no hubiera España, será sin la capital, porque lo que es el resto si ardiera entero, España no lo notaría. Por eso no necesitamos bomberos
¿Que se quema una casa? Allá cuidados, no es asunto vuestro.
Primero
que quede bien claro quien tiene que poner los cuartos y hasta que no
se sepa, cada perro se lame su cipote y si el pueblo tiene un alcalde
del otro partido, con más razón.
¿Ha habido un muerto? ¡Bah! Que se
hubieran aclarado antes, no será que no lo hemos advertido en otras
ocasiones. No saldremos a apagar los fuegos de los pueblos de la
provincia.
Y eso que nos habíamos pensado que una provincia es una
patria. Creíamos que la pertenencia a una provincia nos hacía acreedores
de la solidaridad, de los servicios, al menos de los mínimos. ¿Cómo es
posible que se nos queme una casa y no vengan?
La cosa la deciden
los gerifaltes provinciales, esos tipos de abrigo de buen paño, esas
señoras rubias y tiesas de laca que llenan las cafeterías elegantes de
León, mientras los destripaterrones de Campos o del Páramo, o los del
Bierzo hacen cola en las ventanillas de sus despachos.
A ver si un
día quedan para comer en un buen comedero y estudian el tema, sientan
unas bases mínimas que sustente un principio de acuerdo y de una
puñetera vez, los desgraciados de la boina, dejan de jugarse la vida en
los tejados cuando una casa ahúma.
En los pueblos hemos perdido la
escuela, el consultorio médico, tenemos unas carreteras de lo mejorcito
del Tercer Mundo, nuestros ancianos terminan en los asilos de caridad,
nuestros niños (¡ah! de eso no nos queda) se pegan el madrugón para
hacer la tira de kilómetros de ir y venir al colegio.
Tenemos más de
cuatro pueblos sin terminar de asfaltar, mal iluminados, con una red de
abastecimiento de aguas vieja y que sólo da averías. Estamos lejos del
monstruo hospitalario de León, no tenemos especialistas en los centros
de salud. ¡Nos está comiendo la mierda, compatriotas provinciales!
Mientras,
en La Capi, se les hincha el pecho de orgullo, de paseo por la Calle
Ancha, presumiendo de ciudad, de catedral y de Barrio Húmedo. Tenemos
autovías, un aeropuerto para que treinta señoritos vayan a Barcelona y
ahora nos van a poner el Ave ¡Coño, casi somos Madrid! Y “tenemos” una
provincia cojonuda para ir de paseo al monte, para pescar truchas y para
comer gocho del bueno.
Sin León no hubiera España, será sin la
capital, porque lo que es el resto si ardiera entero, España no lo
notaría. Por eso no necesitamos bomberos.
¿Que se quema una casa? Allá cuidados, no es asunto vuestro.
Primero
que quede bien claro quien tiene que poner los cuartos y hasta que no
se sepa, cada perro se lame su cipote y si el pueblo tiene un alcalde
del otro partido, con más razón.
¿Ha habido un muerto? ¡Bah! Que se
hubieran aclarado antes, no será que no lo hemos advertido en otras
ocasiones. No saldremos a apagar los fuegos de los pueblos de la
provincia.
Y eso que nos habíamos pensado que una provincia es una
patria. Creíamos que la pertenencia a una provincia nos hacía acreedores
de la solidaridad, de los servicios, al menos de los mínimos. ¿Cómo es
posible que se nos queme una casa y no vengan?
La cosa la deciden
los gerifaltes provinciales, esos tipos de abrigo de buen paño, esas
señoras rubias y tiesas de laca que llenan las cafeterías elegantes de
León, mientras los destripaterrones de Campos o del Páramo, o los del
Bierzo hacen cola en las ventanillas de sus despachos.
A ver si un
día quedan para comer en un buen comedero y estudian el tema, sientan
unas bases mínimas que sustente un principio de acuerdo y de una
puñetera vez, los desgraciados de la boina, dejan de jugarse la vida en
los tejados cuando una casa ahúma.
En los pueblos hemos perdido la
escuela, el consultorio médico, tenemos unas carreteras de lo mejorcito
del Tercer Mundo, nuestros ancianos terminan en los asilos de caridad,
nuestros niños (¡ah! de eso no nos queda) se pegan el madrugón para
hacer la tira de kilómetros de ir y venir al colegio.
Tenemos más de
cuatro pueblos sin terminar de asfaltar, mal iluminados, con una red de
abastecimiento de aguas vieja y que sólo da averías. Estamos lejos del
monstruo hospitalario de León, no tenemos especialistas en los centros
de salud. ¡Nos está comiendo la mierda, compatriotas provinciales!
Mientras,
en La Capi, se les hincha el pecho de orgullo, de paseo por la Calle
Ancha, presumiendo de ciudad, de catedral y de Barrio Húmedo. Tenemos
autovías, un aeropuerto para que treinta señoritos vayan a Barcelona y
ahora nos van a poner el Ave ¡Coño, casi somos Madrid! Y “tenemos” una
provincia cojonuda para ir de paseo al monte, para pescar truchas y para
comer gocho del bueno.
Sin León no hubiera España, será sin la
capital, porque lo que es el resto si ardiera entero, España no lo
notaría. Por eso no necesitamos bomberos.








María Luna | Domingo, 17 de Febrero de 2013 a las 12:04:23 horas
Una duda, es verdad que los bomberos de León, les pagamos todos?
Las penúltima frase resume nuestra realidad a la perfección, pero si ardiera León capital, también no creo que el resto de España se enterara mucho la verdad
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