Maestra es de esas palabras que no se definen; es más bien una actitud, un modo de vivir. Maestra se es, no se ejerce.
Maestra es convertirse en un ser anónimo, ocupar un lugar inadvertido en el lugar de los recuerdos infantiles.
Maestra es contagiarse de otras vidas y confundirse en ellas. Es poder llenar siempre la capacidad de amar; querer sin más, sin plantearse el tiempo o las compensaciones, porque en poder dar tu afecto está ya la recompensa.
Maestra es entender las cosas sencillas, las cosas de los niños, las más difíciles, porque sólo se llega a ellas potenciando la sensibilidad.
Maestra es encontrar razones para ilusionarse cuando estas cansado, cuando crees que muchas cosas no merecen la pena.
Maestra es conjugar la severidad con la ternura. Es no tener derecho, durante muchas horas, a los problemas personales, a tu misma vida.
Maestra es no soportar la falta de comunicación, es ser capaz de llorar de soledad. Es entender los valores del ser humano mirando a un niño; darse cuenta, cualquier día, al salir del aula, que ellos deben tener mucha paciencia con los adultos.
Maestra es haber poseído una parcela de muchas vidas; es no estar nunca solo, porque tu intimidad está llena de recuerdos de vivencias, de momentos compartidos.
Ser Maestra es sobre todo perdonar al mundo toda la hipocresía, toda la maldad, todas las mentiras; solo porque están los niños.
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