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Firmas - Cartas a Dirección
Juan Giraldo González
Miércoles, 9 de septiembre de 2015
Cartas a la dirección

La regulación, la mayor protección

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Amiga directora:
Hace unos días leí en este medio la noticia de la detención de dos vecinos de la comarca por cultivar marihuana. No conozco a los encausados ni tengo más información que la aportada por Sahagún Digital, pero es un tema controvertido que merece una reflexión. Las drogas y su uso son tan antiguas como la humanidad, han sido usadas en todas las culturas a lo largo de la historia sin que haya supuesto un peligro para la sociedad. Se convierte en un grave conflicto social cuando aparece la prohibición y no la regulación. Recordemos que lo que conocemos como “drogas duras” (morfina, cocaína, heroína) fueron de venta libre en las farmacias hasta los años veinte del pasado siglo.
La regulación es la mejor protección de la sociedad que rechaza las drogas, ya que reduce su uso a personas adultas en espacios privados, sin interferir en ningún caso en los derechos y libertades de las personas que temen un efecto pernicioso en sus hijos y su entorno. Como bien dice un comentario a la noticia, la sociedad va por delante de la legislación. Las nuevas realidades obligan a ver el tema desde otras perspectivas.
La regulación se va imponiendo a escala mundial, tanto en su uso terapéutico como recreativo. Equipos punteros en Europa en el estudio de enfermedades neurodegenerativas, han comprobado la eficacia del cannabis para tratar la espasticidad producida por la esclerosis múltiple, por poner un ejemplo. Este y otros ensayos clínicos nunca verán la luz, ya se encargará la industria farmacéutica de que parezca un accidente.
La pertenencia a un club cannábico es la única posibilidad de que ciudadanos adultos accedan a un consumo regulado, restringido y con garantías, sin la necesidad de acudir al mercado ilegal, a alimentar a las mafias, a situarse fuera de la ley. Este sería el arma más eficaz para luchar contra las mafias del narcotráfico y del dinero negro. La regulación supondría también un incremento importante en la tributación de un dinero que inexorablemente se ennegrece al contacto con la marihuana, de esta manera pasaría por la ventanilla fiscal como cualquier otro producto.
No sería mala alternativa para una agricultura en permanente declive, sin salidas laborales ni perspectivas de mejora. El cultivo controlado y legalizado crearía unos pocos puestos de trabajo, normalizaría una actividad agrícola y supondría una mayor garantía de calidad para los consumidores.
Recibe mi saludo más cordial.
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